Doñana

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Es el humedal más importante de nuestro continente teniendo en cuenta que en España están inventariadas 2559 zonas húmedas según datos del ministerio de medio ambiente.

El parque nacional pertenece a tres provincias diferentes; Huelva, Sevilla y Cádiz.

En 1262 Alfonso X El Sabio gana el reino mudéjar de Niebla a Aben-Mehafut y poco después establece el Cazadero Real en los entonces llamados Bosques de Las Rocinas.

En 1294 Su hijo, Sancho IV El Bravo, dona al Duque de Medina Sidonia (Alonso Pérez de Guzmán) el Señorío de Sanlúcar de Barrameda y todas las tierras comprendidas entre Arenas Gordas y la desembocadura del Guadalquivir por su heroica defensa de la plaza de Tarifa frente a los moros.

En 1493 Los Reyes Católicos le dan a su Secretario de Economía, Esteban Pérez, algunas tierras junto a la Madre de las Marismas, donde hoy día está localizada la aldea de El Rocío.

Unos años más tarde el Concejo de Almonte compra estas tierras al hijo del secretario.

El Tercer Duque de Medina Sidonia decide poner en productividad estos bosques e introduce el ciervo como pieza de caza. También organiza algunas batidas para deshacerse del lobo en la zona y así favorecer la cría de ganado en las marismas.

En 1585 Alonso Pérez de Guzmán, el VII Duque de Medina Sidonia, compra la tierra de sus antepasados al pueblo de Almonte hasta la Madre de las Marismas.

Este Duque estaba casado con Doña Ana De Silva y Mendoza, hija de la Princesa de Éboli. Doña Ana, avergonzada de la vida libertina de su madre en la corte, se muda a la reserva de caza del Duque donde él le construye una gran casa en 1568. Se dice que fue entonces fue cuando la zona empezó a llamarse el Coto de Doña Ana, más tarde Doñana.

Allí introdujo doña Ana de Mallarte su ganado haciendo un «hato» que pasó a llamarse «el hato de Doña Ana». Con toda probabilidad, sería este topónimo el que diese lugar con el paso de los años a la denominación de Casas de Doña Ana, Palacio de Doña Ana, Coto de Doña Ana, y posteriormente a la de Coto de Doñana.

Durante la primavera de 1797, el pintor Francisco de Goya estuvo retirado en el Palacio de Doñana, invitado por la dueña del Palacio, Doña Cayetana de Silva, Duquesa de Alba. Durante esas vacaciones con su mecenas, Goya pinta un retrato de la Duquesa de Alba, casada en ese tiempo con el dueño del Coto, José María Álvarez de Toledo.

La belleza de doña Cayetana era célebre (la Nueva Venus de España, como la nombró algún poeta) así como su formación intelectual, acorde al Siglo de las Luces que les tocó vivir. Durante aquel encuentro, y en los días que hubo en torno a él en Sanlúcar de Barrameda, Goya pintó y tomó muchos apuntes de la Duquesa, que se conservan aún hoy en sus cuadernos. Y de aquella época data un enigmático retrato de cuerpo entero en el que ella posa en un paisaje que muchos coinciden en señalar como alguna zona en torno al Palacio de Doñana. Algo diferente debió ocurrir aquel día en que Cayetana posó para Goya, ya que el retrato contiene una serie de detalles misteriosos que, a todas luces, podrían ser mensajes cifrados.

Se dice que también pintó aquí los famosos cuadros de Las Majas y que la Duquesa posó de nuevo para él en este caso.

La Diputación de Huelva, a través del Servicio de Publicaciones ha editado el libro ‘Doñana. Apuntes’, con textos de Juan Villa (una recopilación de sus artículos publicados en la prensa de Huelva en los últimos años) e ilustraciones de Daniel Bilbao, con un denominador común: una aproximación al universo de Doñana.

El autor ha explicado que la obra, «que tiene el lujazo de contar con prólogo de José Manuel Caballero Bonald» se divide en tres partes. La primera, ‘De las historias viejas, de los lugares y de la gente’, recoge 39 columnas -a veces en clave de humor- una serie de anécdotas en torno a algún personaje concreto, desde Fernando de Toro, «el último varilarguero, torero de finales del siglo XVIII, íntimo amigo de Goya» hasta el affaire que se dice Goya y la Duquesa de Alba parece que tuvieron en Doñana o las célebres cacerías de Alfonso XIII hasta semanas antes de su exilio, sin que falten personas cercanas, como los guardas «que han conformado la parte humana de Doñana».

Las dunas de Doñana están vivas y están en continuo movimiento y renovación. Avanzan entre dos y cinco metros cada año por la acción del viento de poniente y del mar. De hecho, tal es la influencia del viento en el ecosistema que hasta tiene un nombre propio: Foreño y la playa de Doñana recibe un nombre que explica por sí mismo la fuerza devastadora de este viento: Matalascañas. Estos paisajes de dunas en movimiento fueron captados por las cámaras de David Lean para recrear el desierto en su película Lawrence de Arabia. Peter O’Toole fue en realidad «Lawrence de Doñana» porque su camello surcó estas dunas andaluzas y no las de Oriente.

Astarté fue la diosa tartésica de la fecundidad. Asociada a las aguas y a la luna, muchos historiadores aún hoy sostienen que había un templo tartésico de esta diosa donde hoy se encuentra la actual Ermita de la Virgen del Rocío. El hecho de que la Virgen se considere la Madre de las Marismas recoge esa vinculación con el agua, pero hay otra mayor: Astarté se representaba también por una paloma blanca y a la Virgen del Rocío se la llama también la Blanca Paloma.

El dictador Francisco Franco pretendía desecar la marisma y convertirla en un gran eucaliptal. Así, además de promover la industria maderera, el régimen fascista quería combatir la enfermedad de la malaria que transmitían los mosquitos que anidaban en estas aguas. Una carta escrita por el científico José Antonio Valverde, explicándole al dictador la riqueza ecológica de Doñana, logró impedir esa acción que habría destrozado este espacio natural. Curiosamente al dictador, preocupado por el desarrollismo empresarial a ultranza, le conmovió una carta con argumentos ecologistas.