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Senhor da Pedra

La mar, fuente de vida, pero también de muerte. Cuántos cuerpos se ha tragado llevando la desolación a pueblos enteros. España y Portugal saben perfectamente de lo que hablo. Sus kilómetros de costa son sinónimo de miles de marineros y pescadores echándose a la mar. En la playa de Matosinhos vieron en 1947 cómo 152 de sus vecinos fueron engullidos por el virulento Atlántico. Otros lo pudieron contar, pero pasaron momentos angustiosos en los que se encomendaron al cielo para seguir con esperanzas. Se dice que la historia de uno de esos marineros que vio la muerte de cerca es el origen de la Capela do Senhor da Pedra, una pequeña ermita repleta de misterio y leyendas. La Capilla del Señor de la Piedra, ubicada en la playa de Miramar, en la freguesia (Parroquia) de Gulpilhares, a medio camino entre las ciudades de Espinho y Vila Nova de Gaia.

Hay que reconocer que no se trata de un templo especialmente bello. Su encanto reside en su peculiar ubicación y en la historia que tiene detrás. Se accede caminando por la fina arena. La capilla se recorre rápidamente. Cuenta con tres altares de estilo rococó: el central con un Cristo crucificado, otro con la Virgen de Fátima y el tercero con la imagen de Santa Catalina de Alejandría. Merece la pena rodearla en su exterior para sentir la brisa marina y relajarse en un lugar que aporta bastante paz y tranquilidad puesto que no es frecuentado por el turismo.

Justo al lado de la puerta de la capilla dos grandes azulejos. En uno de ellos se puede leer la siguiente inscripción: “O local onde se levanta esta Capela do Senhor da Pedra e certamente o mais antigo lugar de culto de freguesia antes de nele se celebrar a Cristo seria altar pagao”. Un altar pagano convertido en capilla católica. Como lo oyen. El afloramiento granítico en el que se levanta el templo pudo ser escenario de todo tipo de ritos e incluso actos de brujería, aunque no existe una constancia clara de ello más allá de la inscripción en el mencionado azulejo. Quizás esa ausencia de documentación ha hecho que la Capela do Senhor da Pedra esté envuelta en un halo de misterio fascinante. Lo más llamativo es que, a pesar de que el catolicismo dejó su huella a lo grande, el movimiento neopagano sigue teniendo a las rocas donde se asienta la capilla como un referente. Se comenta que, en las noches de luna llena, el afloramiento granítico de 280 millones de años en el que se construyó el templo es escenario de algunos extraños ritos. Existen pruebas de que ceremonias así suceden en el lugar, ya que han aparecido restos de velas en los alrededores de la capilla.

La Capilla está rodeada de leyendas de lo más variopinto. Aunque se apunta que fue construida en 1686, no existe una constancia clara de este hecho. En esos días de preparativos, comenzó a aparecer el reflejo de una luz en las rocas de la playa próxima. Todas las noches se repetía el fenómeno, y los lugareños pensaron que era una señal del cielo. Por este motivo cambiaron de planes y decidieron ubicar la capilla en las rocas donde aparecía esa luz.

Otra leyenda apunta a que la Capela do Senhor da Pedra fue levantada en agradecimiento a Dios por parte de un marinero que salvó su vida de forma milagrosa. En esos momentos en los que la muerte le acechaba en la mar, prometió que, si salía airoso del trago, levantaría una capilla en honor a Cristo donde pisara tierra firme. Esta teoría no es para nada descabellada, puesto que en todo el mundo existen santuarios, capillas y ermitas en la costa que se construyeron por las promesas realizadas por hombres del mar que vieron de cerca la muerte mientras navegaban.

Por último, una razón que también se podría ajustar a la realidad es que el párroco de la freguesia de Gulpilhares quisiera acabar con los ritos paganos en las rocas y qué mejor manera de hacerlo que edificando una ermita.

Y no podemos obviar las leyendas que giran en torno a las pisadas de animales que se hallan en las rocas de la parte posterior de la Capela do Senhor da Pedra. La tradición dice que una de las marcas fue dejada por un buey y otra, por el caballo del rey portugués Sebastián I.

Historias, creencias y leyendas que marcan la personalidad de una capilla repleta de misterio y enigmas. Un lugar de poder que se eleva siete metros por encima del poderoso Atlántico para servir como freno divino a las embestidas de las olas.