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El fantasma de Don Alfonso d’Orleans-Borbón

Cada día se implanta el interés por visitar de primera mano, lugares con sucesos paranormales. El nuevo turismo de fantasmas se incrementa silenciosamente, soterrado bajo la adrenalina que mueve. Las joyitas del turismo de fantasmas en la provincia de Cádiz, las encontramos en Sanlúcar de Barrameda.

A nadie del lugar escapa que el fantasma de Don Alfonso d’Orleans-Borbón Príncipe d’Orléans (1912-1936), campea a sus anchas por las dependencias del palacio, se le suele ver por alguna de las estancias del que fuera palacio familiar y hoy Casa Consistorial. Te puedes cruzar con él en las escaleras que van a la planta alta o en los jardines, especialmente junto a los dragos.

Era de todos conocido que la Infanta Beatriz veía con frecuencia a su hijo muerto en la guerra, con el que, según contaba, mantenía conversaciones de lo más banales. Algunos miembros del servicio de palacio, sobre todo los más ancianos, también afirmaban haberse encontrado con él cerca de los aposentos que había ocupado en vida, aunque nunca le oyeron pronunciar una palabra.

José Luis de Vilallonga se casó en Sanlúcar de Barrameda y se quedó en el Palacio de Orleans. El caso es que, vestido ya para la ceremonia, empezó a bajar por las escaleras para reunirse con doña Beatriz, del brazo de la cual tenía que entrar en la iglesia. Estaba ya en los últimos peldaños cuando salió a su encuentro Don Alfonso, con su guerrera inmaculada y sus alas de aviador.

  • Métete en cualquier sitio – dijo -, porque ahora va a bajar Pip y trae mala suerte ver a la novia antes de la boda. Sin esperar respuesta dio media vuelta y desapareció. Aquel aviador se parecía a don Álvaro, pero no era don Álvaro. Era el otro hijo abatido durante la contienda. Cuando minutos después se encontró con doña Beatriz, no pudo contenerse y le dijo en voz baja:

  • Yo también lo he visto.

La Infanta no se inmutó. Ni siquiera preguntó a quién había visto. Lo daba por entendido.

Podríamos definir el término “FANTASMA” como la representación visual, acústica o táctil del cuerpo no físico de una persona fallecida que, por diferentes motivos o circunstancias de su transitar como ser humano por el mundo de la vida, se ve aferrado a la misma bajo otra forma de existencia no física, manifestándose de diferentes formas ante seres humanos (familiares o amigos dependiendo del grado de vinculación entre ellos u otras personas y desconocidas para éste ente) y en determinados lugares dependiendo de la carga psíquica existente para ellos y en ellos. Los fantasmas o espectros son polémicos fenómenos que admiten numerosas definiciones. Pueden ser calificados como:

1) El alma o espíritu de una persona muerta, que frecuenta algún lugar que tenía gran significación emocional durante su vida pasada.

2) La personalidad que adquiere un ser humano después de fallecido, aún atado a la vida.

3) Una clase de memoria psíquica de cierto ser o cosa muerta o destruida pero que sigue existiendo, en una forma semi-corpórea.

De acuerdo con los diversos testimonios divulgados, los fantasmas suelen tomar la forma de seres humanos, de animales e incluso de vehículos. Existen registros acerca de fantasmas -generalmente, de seres humanos difuntos- en la mayoría de las culturas de todo el mundo. Pero no hay consenso acerca de si los fantasmas son proyecciones de la imaginación o tienen existencia objetiva.

El Castillo de Santiago fue construido entre 1468 y 1492, es decir, a finales de la Edad Media, por el II Duque de Medina Sidonia: Don Enrique Pérez de Guzmán y Fonseca el Magnífico.

Los fenómenos que a menudo suceden en su interior son verdaderamente anómalos. En el bar -restaurante llamado “La Cantina de la Guardia”, del interior del castillo, revientan en él las bombillas, sin ton ni son, y las velas que adornan sus mesas se encienden espontáneamente. Durante la jornada laboral, el primero en llegar al restaurante es el cocinero, encontrando en algunas ocasiones música en el interior y a todo volumen. Una señora cliente que se hallaba disfrutando de la buena comida, tuvo necesidad de ir a los servicios para aliviar el vientre, pero al poco rato se la vio salir en polvareda, con cara desencajada, pidiendo la cuenta y diciendo que había escuchado gritos de dolor y padecido mucho miedo. A lo anterior hay que sumar las quejas reiteradas, formuladas por algunas personas asistentes a las salas de exposiciones, al ver figuras extrañas en las ventanas poco amigables.