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La isla Saltés

La isla Saltés es una pequeña isla fluvial localizada en la ría de Huelva, en las inmediaciones de las localidades andaluzas de Huelva y Punta Umbría. En la actualidad pertenece al paraje natural de Marismas del Odiel.

La zona se encuentra en el segundo humedal más grande de Andalucía. Sobre su suelo arenoso se desarrolla un importante ecosistema de flora y fauna, destacando de esta última especie como espátulas, flamencos, garzas y cigüeñas. Además de su valor ecológico por situarse en una zona de marismas y anidamiento de aves destaca por su valor arqueológico para la zona. Ha sido frecuente relacionarla con la capital de Tartessos. Así lo hizo, en su Ora Marítima, el poeta romano Rufo Festo Avieno en el siglo IV cuando podría referirse a ella como la "isla entre dos ríos". Anteriormente, Estrabón hablaba de los viajes de los marineros fenicios a la zona desde el VIII a. C. cuyo oráculo les indica que deben edificar un templo a Hércules. Lo cierto es que entre la leyenda y la referencia bíblica —el Tarschish de "El Libro de los Reyes"—, Tartessos contacta con el mundo griego a mediados del siglo VII a. C.

Si bien también se han constatado recientemente la existencia de instalaciones de época romana relacionadas con la pesca y el salazón lo que destaca son los restos de la ciudad-asentamiento de época hispanomusulmana. La ciudad se sitúa cronológicamente hacia los siglos X y XI, sobre todo cuando fue sede del Reino de Taifas de los Baikríes, primero, y Reino de Taifas del señor de Umba y Xaltis —Huelva y Saltés— (después) bajo el reinado de Abd al-Aziz al-Bakrí. A partir de 1052 se produce su lento abandono cuando los dominios de al-Bakrí son conquistados por al-Mutadid y es confinado en la isla. En época cristiana la ciudad ya había sido abandonada existiendo únicamente algunas instalaciones civiles (leprosería) y religiosas (ermita). En la actualidad los terrenos de esta ciudad están en un espacio de titularidad privada.

Por los estudios realizados se estima que la ciudad tenía una planta inusualmente regular para el modelo árabe y con una fortaleza central de 70x40 metros de perímetro. La población se dedicaba al comercio de metal y la metalurgia aprovechando la cercanía de las minas del norte, cuyos minerales llegaban a la ciudad y a la cercana Onuba a través del actualmente conocido como Río Tinto. Por la situación marítima de la ciudad también se dedicaban a la pesca y al comercio.

Don Federico Watemberg, catedrático de Arqueología de la Universidad de Valladolid, estudió muy a fondo esta isla y publicó un libro dedicado a Saltés, Tartessos y la Atlántida, en el que hace referencia al famoso papiro de Turín. La historia oficial de este mapa es que pertenece a las minas de oro del Nilo. En efecto, ya en la época de los faraones -Ramses II, concretamente- se creó unas brigadas de cartógrafos, de geómetras que se dedicarían exclusivamente a medir las propiedades para así poder cobrar impuestos y poder pagar aquellas "obras faraónicas", pero el profesor Watemberg trata en su libro de demostrar que ese mapa lo que describe es la isla de Saltés, y todo su estuario, la desembocadura del río Odiel, la ría de Punta Umbría y los esteros y caños colindantes. De todas formas, si algún día se llegase a la conclusión de demostrar que en efecto estamos ante un mapa de la isla de Saltés y sus alrededores, estaríamos ante el mapa más antiguo de España.

La isla de Saltés ha sido a lo largo de la historia de la humanidad ampliamente estudiada por todos los historiadores desde el mismo Estrabón hasta los más actuales. Su máximo esplendor lo consiguió en época árabe. El mapa conocido como Recreo de quien desea conocer el mundo, realizado por Mohamed Abu Abdallah Ibn Mohamed Idrisx (más conocido por El Edrisi), mapa de la península ibérica situado con el norte hacia abajo como era costumbre en esa época. El Edrisi fue un magnifico cartógrafo que cartografió todo el mundo conocido hasta entonces y creó una red de paralelos que coincide perfectamente con la red de paralelos que tienen los mapas actuales y eso que en aquel tiempo no existían los instrumentos topográficos que hoy existen, ni GPS, ni por supuesto los satélites que hoy nos están enviando información puntualmente y con la máxima precisión. Sin duda, El Edrisi ha sido uno de los mejores cartógrafos de la historia. En este mapa aparece Saltis al igual que Cadis. Decía que la isla de Saltés consiguió su máximo esplendor cuando allí se asentó una ciudad islámica que llegó a ser reino de Taifa dependiente del Califato de Córdoba.

Abd Al-Aziz Al Bakri, el rey de Saltés que habitaba la isla entre los años 980 y 1055, de forma tranquila y plácida hasta que el rey de Sevilla, Al Mutamid, quiso arrebatarle su territorio como antes había hecho con Ronda, Carmona, Arcos, etc., por la fuerza, o con emboscadas. Pero nuestro rey prefirió negociar una salida en paz, sin violencia, y consiguió lo que deseaba: ir a vivir a Córdoba, que entonces era la capital de la cultura; más de un millón de habitantes tenía en esa época, muchos más de los que tiene hoy, que no supera los trescientos mil. Córdoba ya por entonces disfrutaba de tener Universidad y es eso lo que Al Bakri andaba buscando: tener acceso directo a los estudios para su hijo, que además él supo aprovechar. El padre también gozó mientras vivió de una pensión vitalicia. Al Bakri hijo llegó a ser un geógrafo de los más importantes de Al Andalus y había nacido en la isla de Saltés. La isla de Saltés no deja nunca de sorprendernos. Así, el 17 de julio de 1381 vuelve a ocupar otro lugar en la historia, ahora a cuento de la célebre Batalla de Saltés, que no es mi más ni menos que la tercera guerra Fernandina. Y es que Fernando I de Portugal se creía con derechos sobre el trono de Castilla y salió de Lisboa a su conquista, para lo cual partió con más de 2.000 hombres en 23 galeras, ayudados por los temidos arqueros ingleses, con destino al Guadalquivir; pero desde Sevilla salió una flota con sólo 17 galeras, al mando de don Fernando Álvarez de Tovar, que se encontraron frente a las costas del Algarve y al ver los castellanos que eran menos, se dieron la vuelta a toda velocidad remando sin que los portugueses pudiesen darles alcance. Los portugueses, al llegar a la isla de Saltés, se pararon para arremeter contra todos los pescadores que desde Huelva, Palos y Moguer faenaban en los alrededores de la isla, dándoles muerte y robándoles sus enseres de pesca. Esto indignó a don Fernando Sánchez de Tovar y se volvieron a presentarles su batalla, dando muerte a los portugueses y cogiendo muchos prisioneros, a los que los ahogaron con la modalidad que llamaban "la moja de los pies" que consistía en amarrarles los pies y tirarlos al agua.

De las 23 galeras portuguesas sólo una huyó y se salvó, las demás fueron trasladadas a Sevilla, donde Tovar entró triunfante siendo recibido lleno de aclamaciones. Ésta fue la conocida como la Batalla de Saltés.

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