La historia del Rambo de Llafranc

Carles Bisbe de 60 años, alias el Rambo, porque es así como le conocen casi todos en el pueblo.

Que empezó abriendo botellas de cava con un machete en la terraza del hotel de su familia y siguió durante 25 veranos montando espectáculos en la playa.

Pero además es el director del hotel Llafranc, y el particular animador estrella de sus eventos en los meses de temporada alta (desde semana santa hasta octubre). La vena de artista, de showman o de relaciones públicas –como queramos llamarlo–, le viene de familia. Heredada de su tío Manuel, más conocido como "el Gitano de la Costa Brava". Él fue uno de los principales artífices del despegue del turismo en esta zona en los años 50 y 60, y, sin ninguna duda, el que trajo el flamenco y el mundo de la farándula al Ampurdá.

La historia del gitano comienza vinculada al negocio del corcho, al que se dedicaban primero su padre, y luego él y sus dos hermanos: Mario y José. Cuando la industria no pasaba sus mejores momentos, Manuel viajó a Andalucía buscando suerte y.… encontró su verdadera pasión y el rumbo de su vida. Se enamoró de esa tierra, del flamenco y de los toros e hizo grandes amigos. Corrían avanzados los años 50, y mientas, en la otra esquina de la piel de toro, en Llafranc, sus hermanos comenzaban a poner a flote un bar en la pequeña barraquita familiar para torear la crisis del sector del corcho, y atender a los poquísimos turistas que por aquel momento visitaban el pueblo. Manuel volvió para echar una mano con la decoración.

Por el día se dedicaba a trabajar, por la noche, no dudaba en exhibir todo lo que había aprendido en el sur: se había convertido en un gran bailaor. Su éxito fue inmediato, y muy pronto su público, poco acostumbrado a ver flamenco en Cataluña, fue tal que decidió quedarse y profesionalizar su don. El gran momento en su vida llegó de la mano de Carmen Amaya, en 1970, cuando la bailaora, su gran amiga, decidió rebautizarle en una pomposa ceremonia en la playa. A partir de entonces Manuel dejaría de ser Manuel para convertirse para siempre "el gitano de la costa Brava".

Y así fue como casi a golpe de taconeo, él se convirtió en un famoso, y el hotel Llafranc (y por extensión el pueblo) en el centro de operaciones de grandes juerguistas, artistas y flamencos como Antonio Gades, Paco de Lucía, Manolo Escobar, y, por supuesto, su gran amigo Dalí, con el que trasnochó más de una y más de dos veces. Hasta grandes artistas americanos se dejaron caer por este pueblecito hasta entonces invisible: Burt Lancaster, Sofia Loren o Kirk Douglas rodaron películas, disfrutaron de sus calas y, por supuesto, rumbearon a ritmo de palmas.

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