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Cuentan que el viejo puerto romano de Aguilas fue fundado por Eneas en su exilio por el Mar de Poseidón, guiado por diez águilas. Fuera de la leyenda, y pesar de haber encontrado restos anteriores, los autores señalan como fundadores del lugar a los romanos que bautizaron estas costas con el nombre de Urci. Pero desde sus inicios romanos hasta la época de Carlos III, el territorio sufrió tantos expolios, asaltos de corsarios y otros abatares, que impedían que el lugar fuera el preferido para asentarse.

Durante el reinado de Felipe II se le denominó definitivamente Aguilas. Pero fue en el siglo XVIII cuando se puede hablar del nacimiento de la actual ciudad, gracias a que Lorca buscaba un puerto de salida para los productos de su huerta. De este modo, los ministros Floridablanca y Aranda, junto con Villanueva, planificaron un trazado bajo los cánones de la época. Una disposición geométrica, cuyas calles reflejan el espíritu ilustrado del momento. A ello, se añadía la creación de un nuevo puerto. ¿El lugar?, los terrenos en torno a la torre de San Juan de Aguilas, que en el siglo XIX conseguirán su independencia de Lorca.

Actualmente Aguilas combina su tradición marinera con el turismo. Durante el siglo XIX alcanzó un gran esplendor, gracias a las explotaciones de plata, plomo y hierro, a su actividad como puerto comercial y a su industria de astilleros.

La industria del esparto era la más importante en Águilas, durante el siglo XIX. Y según muchos entendidos, la zona de Águilas constituía la más grande de toda España, en volumen recogido de esta planta. En un tiempo en que las fibras sintéticas no existían, el esparto era el mejor material para la confección de grandes cuerdas, aperos de labranza muy resistentes y útiles de pesca para las almadrabas.

Para preparar un buen esparto, había que cocerlo en el mar durante un mes. Para ello se preparaban balsas en las playas. Había balsas en Calarreona, el Hornillo, la Higuerica y en la Carolina. De esta cocción natural se sacaba una especie de pasta que, tras dejarla secar, los pescadores aprovechaban como cebo.

Después el esparto se dejaba secar y solo entonces se encontraba listo y maleable para su manufactura.

En la zona de Águilas, por ejemplo, se establecieron desde finales de siglo, algunos comerciales británicos que con el tiempo monopolizaron las exportaciones del producto.

Una firma británica consiguió la autorización provisional para colocar unas vías de tren que transportaban el esparto manufacturado hasta el puerto. Desde donde se enviaba hasta Gran Bretaña, el principal comprador de este producto.

Eran tiempos en que las Islas Británicas tenían medio colonizada la localidad de Águilas. El motivo eran las empresas mineras y de construcción ferroviarias que explotaban el mineral de la localidad. Resulta curioso que en la conocida isla del Fraile en Águilas… ¿o del inglés?

Resulta que a finales del siglo XIX la isla fue comprada por un extraño ciudadano inglés, el cual se retiró al pedrusco en busca de tranquilidad cual eremita.

Parece ser que el individuo era un personaje: no pagó impuestos ningunos y tampoco dejó testamento cuando falleció. Tampoco sus descendientes reclamaron la posesión de la isla del Fraile.

Así que el Estado embargó la isla y hasta el día de hoy es propiedad pública.