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Sisargas

Además de su origen geológico de millones de años, las Islas Sigargas tienen un importante legado histórico que parte de la época romana. Los historiadores Plinio y Ptolomeo cuentan que el cónsul romano Sextio, en su conquista de esta parte de Hispania, mandó construir un templo a la divinidad del emperador César Augusto (las Aras Sextianas de culto al César), que algunos investigadores interpretan situado en estas islas; de ahí el nombre de Cesáricas que, por deformación lingüística, derivarían en Sisargas.

En la Edad Media y la Edad Moderna las islas pertenecían al Conde de Altamira, a pesar de que tanto la villa de Malpica como las parroquias de Barizo, Cerqueda, Cambre y Vilanova pertenecían a la Mitra Compostelana. Por tanto, era al Conde de Altamira al que los pescadores tenían que pagar los impuestos por pescar en el archipiélago.

Hoy en día los descendientes de esta familia nobiliaria siguen siendo los propietarios de las islas, tras los fallidos intentos de compra por parte de la Administración pública para tratar de incluir a las Sisargas en el parque nacional de las Illas Atlánticas.

Este archipiélago malpicán es, además, protagonista de la historia de los naufragios de la Costa da Morte. Y es que en las Sisargas se construyó el primer faro del Plan General de Alumbrado de las Costas Españolas puesto en marcha tras el trágico naufragio del Solway en los bajos de Baldaio en 1843.

Además de su importante historia, las Islas Sisargas están plagadas de leyendas. Posiblemente, la más antigua nos sitúe en ese hipotético pueblo celta que, en sus viajes por estas latitudes, levantó un santuario a una de sus diosas del mar. Años después, el cristianismo quiso combatir estos cultos paganos y, en vez de prohibirlas, las reinterpretó para el pueblo como devoción a Santa Mariña. Otra leyenda antigua pagana pone de manifiesto que los marineros fenicios, navegando por estas tierras en busca de estaño, construyeron en estas islas un templo a Hércules.

Otra leyenda nos habla de los tiempos de rapiña pirata por estas costas y de la decisión de un capitán corsario de esconder sigilosamente en algún lugar de las Islas Sisargas el tesoro acumulado del pillaje. Su muerte prematura impidió que pudiese recuperarlo. Piratas marinos y, posteriormente, los torreros del faro excavaron durante años las tierras de las islas sin dar con el escondite en el que todavía sigue el tesoro.

Algunos de sus enigmas perviven sin embargo en las familias más antiguas de Malpica, que los heredaron de sus ancestros. Es el caso de Milucha Racedo, cuyo tatarabuelo, Andrés Sánchez, fue farero en Sisargas hacia 1800. Un buen día se puso a cavar para plantar patatas, y encontró restos de cerámica, recipientes muy antiguos, pero entonces no se entendía nada de aquello. Otro farero, ya en este siglo pasado, un tal Francisco Bonachea, “Mientras estuvo destinado en Sisargas, se dedicó a excavar por toda la isla. Que se sepa, nunca encontró nada, porque si del sueldo vivía, del sueldo siguió viviendo. Ese tesoro tenía que ver con los naufragios y la piratería y otras cosas peores. Por ahí hubo una capilla antiguamente dedicada a Santa Mariña, que estaba ubicada donde estaba el primer faro. Después se hizo el faro nuevo y la casa de la sirena. Se decía que iban por allí a hacer aquelarres. Ese farero no fue el único que buscó el tesoro. Bajo cuerda, todo el mundo anduvo interesado en el tema. A lo mejor está enterrado, vaya usted a saber”, concluye Milucha.