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Luarca

La villa costera de Luarca, en el litoral occidental de Asturias, es una de las ciudades con más vida de la zona oeste de Asturias. Lo más apasionante de esta ciudad con puerto, además de su belleza o su preciosa atalaya es en mi opinión, la historia de su nombre que, según la leyenda, procede de la historia de un lobo, que dio nombre a esta ciudad asturiana. Os lo cuento con detalle.

En tiempos remotos, la actividad fundamental del puerto de la ciudad era la pesca, y por otro lado la presencia de los lobos era algo muy común en el Norte de España. La leyenda dice que una tarde llegó al puerto un enorme barco cargado con una hermosa arca. La dejaron en Luarca con el propósito de que la cuidasen en la villa.

Esa misma noche se oyeron aullidos de lobos, acercándose a Luarca. Cuando los aldeanos se despertaron, observaron a una manada de lobos postrándose ante el arca, rodeándola y venerándola. El jefe de la manada era además el lobo más grande que se había visto nunca por la zona.

De ahí derivó el nombre: El "lobo del arca" que, por deformación, fue evolucionando a Llobuarca y acabaría dando el nombre a la Villa de Luarca. El arca, se trasladó a la Catedral de Oviedo, pero nadie sabe dónde está el arca, o si el arca existió alguna vez.

>>Hubo otra época en Luarca en que la tragedia y el llanto unificó a todos los vecinos en un mismo dolor común. Poco a poco empezaron a desaparecer misteriosamente, y sin dejar la menor huella, hombres, mujeres y niños, sin que se pudiera adivinar la causa. En una ocasión se encontró un trozo del vestido de una de las víctimas; pero no sirvió para proporcionar el menor rastro a los vecinos. El pánico de todos iba creciendo, en espera de la nueva víctima que había de elegir el desconocido criminal, sin que nadie pudiera poner coto a tan alarmante situación.

Cada día más horrorizados, los habitantes de Luarca acudieron devotamente a la capilla de la Virgen, para pedirle que pusiera fin a tanta desdicha. Después de muchas rogativas, la Virgen les reveló que la guaxa, espíritu maligno de la cueva Blanca, era la causante de todas sus desgracias, y que debían conjurarla llevando su imagen hasta la misma guarida.

Al otro día, todos los vecinos de Luarca marcharon en procesión hacia el lugar, llevando en andas la imagen de la Virgen. Con paso lento, llegaron a la altura de la cueva Blanca, y sin penetrar en ella, se escuchó un agudo silbido en su interior, seguido de una serie de extraños ruidos: la guaxa había abandonado la cueva.

Los vecinos, entonces, se adentraron hasta lo más profundo de ella, y allí se hallaron con el horrible espectáculo de todas las víctimas desaparecidas, cuyos cuerpos, en estado de descomposición, colgaban, como trofeos, de las paredes. Entre llantos y patéticas escenas, fueron descolgados, para darles santa sepultura.

Desde entonces, Luarca recobró su habitual normalidad, y dicen que ninguna otra guaxa volvió jamás a aposentarse en aquellos alrededores.

Más allá de la historia de su nombre, Luarca tiene muchas cosas que ofrecer. Algo muy recomendable es subir al faro para tener las vistas de la ciudad.