Tabarka

La isla de Tabarca (Alicante) se recorre en un paseo: menos de dos kilómetros de larga por casi medio de ancha. La única isla habitada de la Comunidad Valenciana una manta de tierra que flota en el mar. Estuvo deshabitada, excepto ocasionalmente por piratas berberiscos que en ocasiones la tomaban como base en el siglo XV.

Argel fue un territorio conquistado por piratas en 1516 y se convirtió en un reino dirigido por y para piratas. Debemos tener en cuenta que desde Argel a Alicante se podía llegar en una misma noche por lo que los ataques eran muy difíciles de prever.

Era tal el temor a estos ataques que, de una punta a otra del Reino de Valencia, durante la segunda mitad del siglo XVI, se levantaron fortificaciones y torres de vigilancia para avistar y dar la voz de alarma. Asociados a estas construcciones defensivas aparece la figura del atajador, un jinete que conectaba una torre con otra a modo de mensajero.

Entre los piratas más temidos en la época se encontraba el pirata Dragut. Este era dueño de una isla próxima a Túnez y su expediente cuenta con dos asedios a Alicante, uno de ellos en 1550 cuando saqueó la huerta de San Juan. La cercana isla de Tabarca fue refugio de estos piratas hasta que en el siglo XVIII Carlos III llevó a cabo un plan para repoblarla. En este siglo se terminaría la era del terror pirata en el Mediterráneo.

En 1769, el monarca Borbón repobló la isla con ciudadanos genoveses que él mismo rescató de su cautiverio en manos de los árabes de la isla tunecina de Tabarka, de donde le viene el nombre. Siendo un total de 68 familias y 32 personas sin núcleo familiar, a las que se concede la explotación y propiedad de la Isla de San Pablo, a la que llamaron Nueva Tabarca.

Otra historia de Tabarca que no se conoce es que, al parecer en 1959, estuvo atracado el yate Cristina, propiedad del multimillonario Onassis, el cual pasó unos días de descanso en la isla y quedó tan encantado con la visita que pidió a un importante bufete de abogados de Madrid, que se desplazara a Alicante y que comprara la isla para él. La sorpresa de los abogados fue mayúscula al comprobar que la isla no existía en el Registro de la Propiedad, y sabiendo el carácter militar que la isla tuvo en tiempos de Carlos III, deciden ponerse en contacto con Ricardo Sánchez de Cea, jefe del servicio de intendencia y de Propiedades del Ejercito.

Con la minuciosidad y pulcritud que caracterizaba su trabajo, consultó el archivo de Simancas llegando hasta la cesión de Carlos III a los tabarquinos, para que viviesen en la isla, así como los privilegios reales de no hacer el servicio militar y de no pagar impuestos que Carlos III les concedió.

El Ejército, no queriendo perjudicar a los tabarquinos que vivían en la isla decide no vender a Onassis Tabarca, pero a partir de esta situación se plantea la cuestión de normalizar las propiedades de casas y terrenos en la isla de Tabarca.

Para ello, Ricardo Sánchez de Cea, acompañado del topógrafo municipal de Alicante y de un ingeniero militar, junto al alcalde pedáneo de Tabarca, comenzaron a realizar un trabajo de investigación en la isla y basándose en una especie de títulos de propiedad que el párroco de la iglesia había redactado de su puño y letra que recogía las propiedades que tradicionalmente habían ocupado los tabarquinos.

Este trabajo poco conocido y nada reconocido ha servido para que los actuales residentes tabarquinos hayan podido ser los propietarios de las casas que durante más de doscientos años ocuparon los descendientes de aquellos genoveses de Tabarka.

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