Faro del Caballo

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El Faro del Caballo está construido con una fachada a base de sillería y mampostería revocada. Además, se divide en un par de bloques, de ellos el primero estaba destinado a la vivienda del encargado del buen funcionamiento de la estructura, es decir, el farero, tiene forma cilíndrica, coronada por una gran linterna acristalada bajo la cubierta esférica. En su interior, un corredor de estrechas proporciones lleva hasta la parte superior, a unos 24 metros de altura sobre el nivel del mar.

La historia del Faro del Caballo en Cantabria consta de más de 150 años desde que se levantó este espectacular edificio. De hecho, su funcionamiento y puesta en marcha tuvo lugar en el lejano 31 de agosto de 1863 y estuvo a pleno rendimiento hasta 1993, momento en que cesó la actividad debido a la complejidad para acceder a él.

Es curioso que, hoy en día, es el único faro que permanece inactivo como tal en toda la región. Sin embargo, ha encontrado una nueva vida como centro de peregrinación de los senderistas y aventureros más valientes, que se acercan por los escarpados riscos del Monte Buciero para admirar esta fantástica obra cántabra.

Otra curiosidad, la irregular escalinata que permite bajar hasta el faro fue construida muchos años atrás por los presos del penal de Dueso, muy cercano al lugar. Difícil trabajo para los privados de libertad que hoy nos sirve para poder acceder a un precioso rincón de Santoña.

Así pues, acceder hasta el Faro a pie es toda una aventura reservada para los más osados. Atravesando los caminos que conducen hasta él, se puede disfrutar de impresionantes y profundos acantilados sazonados con fuertes defensivos que antaño sirvieran para la defensa marítima del lugar.

No obstante, la osadía de acceder al Faro del Caballo en Cantabria merece la pena, pues los 40 minutos de trayecto para llegar hasta la estructura a través de los 682 escalones son realmente espectaculares debido a las impresionantes vistas.