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Adra: Sus plátanos.

La princesa Europa era hija de Agenor, rey de Tiro, y era una doncella de inigualable belleza. El dios Zeus, incansable Tenorio de la Mitología se prendó de su belleza y convertido en toro, un hermoso toro blanco, la llevó sobre sus lomos a la isla de Creta,

Según la mitología griega, Europa era una bellísima princesa, hija de Agenor y Telefasa, reyes de Tiro, ciudad del Mediterráneo, hoy en el sur del Líbano. Zeus, el dios máximo del Olimpo, se enamoró perdidamente de aquella mortal.

Para evitar que fuera rechazado, haciendo uso de sus poderes, se transformó en un toro blanco con el fin de poder acercarse a ella, como uno más de los animales de Palacio.

Un día, la joven se encontraba paseando a la orilla de mar, en compañía de otras muchachas. Y vio al toro, que le fascinó. Se acercó a él y comenzó a acariciarle los lados.

Zeus dejó que le tocara para que cogiera confianza.

Una vez que Europa se convenció de que el toro era manso y de que no corría ningún peligro, se subió a su lomo.

Éste, inesperadamente para la princesa, corrió hacia el mar y nadando llegó a la isla de Creta.

Una vez allí, el dios padre de todos los dioses griegos tomó su forma natural, mostrándole quién era. Por supuesto, mantuvieron relaciones sexuales bajo un plátano.

Por ello el plátano, testigo del amor de Europa y Zeus, mantiene sus hojas verdes durante todo el año.

Esta historia habla del conocimiento de la planta que nosotros llamamos plátano y que es objeto de sinfín de teorías acerca de cómo llegó a España, de sus orígenes y de su popularización en Europa en el siglo XIX. Como vemos ya aparece en la Mitología relacionada con sus extraordinarios hechos y geográficamente con la isla de Creta. En esta isla nacerá la cultura minoica, pues uno de los hijos de Europa será Minos, padre adoptivo del Minotauro. Dicen que las naves cretenses asolaban el Mediterráneo y sus velas, negras por cierto, hacían temblar a cualquier barco que las divisara en el horizonte, estos adoradores de toros, practicaban una tauromaquia que consistía en que las jóvenes bailaban delante de ellos, saltaban sobre sus lomos, y, posiblemente en su expansión por el Mediterráneo llegaron a nuestras costas donde trajeron el amor al toro y los plátanos que proliferaban en su isla.

El plátano criado en Adra está prácticamente desaparecido, es mucho más gordo que el de Canarias y su sabor más dulzón. En realidad, es una auténtica delicia gastronómica que se criaba en los cornijales de los bancales cuando no existían invernaderos, ¿No hay un rincón para mantener viva esta fruta? que, estoy seguro, las generaciones más jóvenes no conocen. Nuestro plátano se pierde, ya no se comercializa, algunos afortunados lo podemos comer procedentes de alguna huerta de la Alquería de Adra…