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La sorprendente y marinera leyenda de Motril

Mucho se ha hablado de la influencia de lo divino sobre lo terrenal. Se han escrito ríos de tinta para tratar de explicar lo que algunas personas han llegado a sentir en su vida con respecto a situaciones que son difíciles de entender. En la leyenda que relatamos, lo divino toma su parte. Hace de lo imposible lo posible y posa su relato sobre la ciudad costera de Motril. En plena Costa Tropical granadina.

Allí, en 1510, un grupo de marineros que habían partido del puerto de Palma de Mallorca, se toparon con la tragedia. Cuando ya llevaban varios días de navegación, una tormenta horrible se cruzó en su camino. Destrozando parte del barco en el que viajaban y quitando toda esperanza a los marineros de poder salir con vida de allí. Su afán era poder llegar a Lisboa, pero el destino tenía otros planes.

Cuando todo parecía perdido, la carga de la bodega empezó a caerse por la borda. Todo a excepción de una talla que los marineros se apresuraron a salvar para tratar de no perder todo lo que llevaban. Tal fue su sorpresa cuando descubrieron que dicha talla no era otra cosa que una Virgen con el niño Jesús siendo acunado. Al salvarla de caerse al mar, el temporal amainó y la madrugada les sorprendió encallando el barco en la costa de Motril y evitando pérdidas humanas.

Una vez en Motril, descubrieron que les era imposible navegar y que tendrían que arreglar la nave. Gracias a la ayuda de los vecinos de la localidad, lograron reparar el navío y prepararse para continuar su marcha hasta Lisboa. En agradecimiento, no dudaron en llevarse a la Virgen con ellos. Cargaron el barco y trataron de marcharse. Pero en cuanto la Virgen entró en el barco, el tiempo se volvió tormentoso. Tuvieron que abortar su misión y esperar a que el cielo clareara.

Sucedió. El tiempo mejoró y repitieron sus planes y volvieron a subir a la Virgen y de nuevo justo en ese momento, una tormenta volvió a sorprenderles. Así sucedería hasta seis veces más hasta que comprendieron que al parecer lo divino les estaba mandando una señal. La misma que les pedía que la Virgen debía permanecer en Motril. Pues ese era su destino. Y allí, en la ciudad costera, permanece desde entonces la conocida como Virgen de la Cabeza.