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Prior y el Diezmo 

Cabo Prior tenía en tiempos una ensenada donde llegaban las barcas que venían de cazar la ballena y probablemente lo que hoy es la zona de Covas fue donde Nuño Andrade pagó la obra del puerto, y el primitivo faro de Prior. En enero de 1158, cuando Fernando II lo donó en propiedad al monasterio de Sobrado, sucediéndose las concesiones a estos monjes con Sancho el Bravo que, por privilegio expedido en Lugo en 1286, concedió el diezmo de la explotación ballenera de la ensenada de Prior donde se mataban estos cetáceos, ya que dicho puerto fuera abierto en propiedad del Monasterio de Sobrado.

Los monarcas que le siguieron pensaron más en León que en Galicia y los monasterios tampoco hicieron mucho por mejorar su economía. La pesca de  bajura  fue la tradicional fuente de sustento para quienes  tenían que subsistir en el día a día antes que comenzaran las grandes campañas de ballena, buscando la sardina en pequeñas barcas que iban al cerco y donde los marineros ganaban el quiñón, una  cantidad de reparto proporcional  del producto de la pesca, que solía incluir también el quiñón del náufrago, que era la parte que se le entregaba a las  viudas de marineros muertos en naufragios, perdidos en la mar mientras buscaban salvación en la luz del faro que la virazón no dejaba ver, para que sus viudas y huérfanos pudieran seguir subsistiendo, como si el marido y el padre estuvieran por volver de la mar.

Pero la sardina es huidiza y no todas las temporadas aparece, ni está en la mejor zona para pescarla. Hoy se saca de aquí un extraordinario percebe, pero, años atrás, el percebe y en general el marisco, no valían absolutamente nada y eran platos considerados baratos y de baja calidad.

En el litoral del Cabo Prior está Casal y Ponzos entre otras. Por estas tierras cabalgaba el Conde de Lemos porque hasta aquí llegaban los señoríos. Curioso personaje este noble merecedor de más literatura e inagotable fuente de aventuras en manos de unos guionistas hábiles que con menos fundamento y vida menos agitada que la suya se incorporaron a la literatura de las grandes epopeyas y los sueños infantiles y algunos más adultos. Esta fue zona rica en minerales y a ellos debe su nombre, a la gran cantidad de cuevas que constituían la entrada en otras tantas explotaciones mineras ahora abandonadas y donde la imaginación puede soñar mil escaramuzas en los años sangrientos de las resueltas irmandiñas. El gran movimiento expansionista de los grandes monasterios, su poder cada vez más creciente cifrado en nuevas  tierras, en general las más fértiles, más  coste, en general la que  mejor pesca y marisco producía, y su influencia en la mentalidad del sencillo hombre gallego que en la mar o en el campo trabajaba de  sol a sol, iban mermando seriamente, impecablemente, el poderío y la tesorería de la nobleza que recurría entonces a doblar impuestos, tasas  y contribuciones a sus empobrecidos vasallos.

Perdieron la guerra los de siempre. Mercenarios contratados por el Conde de Lemos, ocultos en estas cuevas, atacaban por la espalda a los aterrorizados batallones de campesinos armados con sólo sus útiles de trabajo y acabaron con la sublevación. En castigo tuvieron que volver a levantar las fortalezas que habían derruido, pero esta vez trabajando gratis, sacando mineral para fundir  de estas  cuevas, y subiendo la piedra monte arriba mientras el Conde de Lemos  recorría las hileras de  obreros a los que persuadía a aferrarse en el trabajo con una fusta en la mano mientras les recordaba su situación:   “Hyde  putas, villanos, que si vos y los  otros mis vasallos no derrotádes mis fortalezas, no os las mandara hacer de nuevo”.

Durante los siglos XI y principios del XII el monasterio de Xuvia incrementará sus posesiones gracias a su vinculación con el clan mobiliar de los "Petriz", "Perez" o Froilaz, que en él tenían el panteón familiar. Una vieja leyenda medieval ligaba este linaje a la Tierra de Trasancos a donde llegaría, tras perder el Conde don Mendo, de la estirpe de los godos, sus naves en una tempestad cuando con la intención de ser rey venía a Galicia, gracias a un milagroso salvamiento en el Cabo Prior. Masivas donaciones del clan Petriz situarán a Xuvia entre los mejor dotados locales de Galicia y sería claramente hasta el primer tercio del siglo XIII en que va siendo substituido por Sobrado el monasterio más importante del país.

El último abad Benito de Xuvia, y "abba" o arcipreste de Trasancos, D. Muniño o Munio, fue testigo del paso por orden del Conde de Galicia D. Pedro Froilaz de su Arciprestazgo de Trasancos a la Sede Compostelana (a. 1110), y tres años después este mismo abad Munio perdería su monasterio -en el contexto del enfrentamiento entre el Conde de Galicia D. Pedro, cabeza del partido Alfonso Raimundista y la reina Doña Urraca- tras la donación del conde D. Pedro de su monasterio familiar de Juvia al abad burgundio de Cluny Ponce de Melgueil el 14 de diciembre 1113. Como huésped ahora del prior don Pedro de la orden de "Cunegoo" (Cluny) El exabad D. Munio, convertido su monasterio en priorato, viviría en él con su hermano el monje Vimara hasta su muerte. Con él residían en Xuvia en olor de santidad las monjas Munia y Visclávara Froilaz, miembros del clan nobiliar más poderoso de Galicia, cuyas mandas acrecentaron considerablemente el poder del monasterio.

A la muerte del conde de Galicia su hijo don Fernando Pérez "imperante" y "princeps" de la Tierra de Trasancos adopta (y aunque este título lo lleva ya su padre el conde don Pedro en la documentación de Caaveiro por atribuírselo los monjes en traslados posteriores del siglo XIII) por primera vez el título de Conde de Trastámara (literalmente "tras el río Tambre". La Tierra de Trasancos estará siempre en poder del titular de este condado.

De la descendencia del hermano mayor del primer conde de Trastamara, Bermudo Pérez y su mujer Tareixa Bermúdez, surgirá ligado al topónimo Mandiá un importante linaje trasanques mantenido hasta hoy en la línea de los Condes de Castelo y en la línea del Pazo de la Casa del Monte.