La Roca del Moro

Como en toda leyenda de amor, los protagonistas son dos jóvenes de origen distinto que coinciden un día por casualidad. En este caso, retrocedemos en el tiempo hasta el siglo XIV donde en Alcocebre vivían familias de diferente religión: los musulmanes que estaban allí antes de la conquista de Jaime I y los cristianos que se instalaron en la población años después. Aunque convivían conjuntamente, tenían terminantemente prohibido el mezclarse, aunque a veces, como en este caso, el amor fuera más fuerte que la razón…

Un joven y humilde campesino moro estaba un día trabajando en su campo, el cual estaba situado cerca del mar, cuando por delante de él pasó una bella dama que le hizo caer, al instante, enamorado. Durante los días siguientes y a la misma hora, la dama siguió pasando por el mismo lugar hasta que un día, el campesino -cada vez más preso del encanto de la dama- decidió que no podía seguir así, que tenía que saber algo más sobre la misteriosa joven que había cautivado su corazón. Así fue como el humilde campesino, se armó de valor y decidió seguir a aquella doncella. Sin embargo, al seguirla un día hasta su casa descubrió un secreto que le rompió sin remedio el corazón. Y es que, él no lo supo hasta aquel momento, pero la joven pertenecía a una familia noble cristiana y, por lo tanto, su amor estaría, para siempre, prohibido por las costumbres, por la sociedad y por las leyes de aquel momento.

Sin embargo, con el paso del tiempo, el joven campesino fue comprobando que lo que él sentía por la dama parecía ser correspondido. Cada vez que la doncella paseaba por delante del campo del joven musulmán, ella buscaba con insistencia el cruce con su mirada y así, poco a poco, fue como comenzó su romántica historia de amor… Empezaron a verse a escondidas y el lugar elegido fue una roca que se encontraba frente al mar, la que hoy en día conocemos como Roca del Moro. Decidieron que se encontrarían de madrugada, cuando la familia de la joven dama aún dormía y ella podía salir de la casa sin ser vista para verse con su amado, siempre en la misma peña y siempre siendo de noche.

Así pasaron los meses hasta que el padre de la joven, quien llevaba un tiempo notándola algo cambiada, empezó a sospechar que algo le ocurría. Una noche vio como ella salía de casa cuando creía que todos dormían y la siguió. Antes de que esta se encontrara con el campesino, el padre le obligó a decirle a dónde iba y con quién se iba a encontrar. Pero la respuesta no le gustó nada, así que el padre decidió que dejaría su vida allí y entraría a un convento de clausura antes de que amaneciera. Nadie en el pueblo supo nada más sobre ella.

El joven musulmán no entendía qué le había ocurrido a su amada, y esa misma noche la pasó en vela junto al peñasco esperando que llegara. Pero fueron transcurriendo los días y las noches y nunca más regresó… El campesino no perdía la esperanza y volvía a la roca, la esperaba sentado, recodando los momentos que vivieron juntos y buscando con la mirada a la joven en la lejanía.

El tiempo fue pasando y un día unos pescadores encontraron al muchacho sobre la roca, había perdido la vida. La leyenda cuenta que el joven murió de pena esperando a su amada y fue entonces cuando esa roca, donde tantos hermosos recuerdos crearon juntos, fue bautizada por los habitantes de Alcocebre como la Roca del Moro. En ella encontramos hoy en día la playa homónima, una de las más turísticas de la población y en donde a partir de ahora sabrás que aquí se forjaron una de las historias de amor más famosas de la localidad.

Esta gran roca está a unos 200 metros de la costa, y muchos bañistas nadan hasta ella para contemplarla. Si en tus próximas vacaciones quieres ir a conocer el lugar en el que según la leyenda nació el amor entre estos dos jóvenes, podrás ir a nado u observarla desde la orilla.

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