La ría de Arousa tiene su "Titanic"

En el centro de la Ría de Arousa se encuentra la Isla de Rúa, una pequeña isla aislada, misteriosa y con un relieve rocoso que dificulta su acceso. Llama la atención su faro, construido en 1869 y habitado por fareros hasta hace relativamente poco y el tamaño de las rocas de granito que conforman esta desconocida isla. Hoy en día está deshabitada y cuenta con gran riqueza de flora y fauna en sus fondos marinos, considerados los más bellos de toda la ría de Arousa y los mejores para practicar actividades de buceo.

Si os gustan las islas recónditas y envueltas en un halo de misterio, la Isla de Rúa es junto con los islotes que la rodean, es un laberinto rocoso que protege la entrada norte de la Ría de Arousa.

Cuando los pueblos prerromanos ocuparon toda la ría, creían que el archipiélago era un lugar sagrado de encuentro entre humanos y dioses. También los romanos las frecuentaron, como plasmaron Estrabón y Plinio. Más tarde fue un lugar de descanso para los piratas turcos, tunecinos, y más tarde ingleses, con el corsario Drake a la cabeza. Hoy, el Parque Nacional Marítimo Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia, sigue siendo un tesoro codiciado por su medio marino, de incalculable valor ecológico. En sus aguas se atesora una gran riqueza biológica con una extraordinaria diversidad de especies de flora y fauna.

No hay ningún submarinista que se precie que se resista a visitar los encantos que emana el "Aries". Un barco que lleva oculto en las profundidades de la ría desde el año 1977 cuando en una noche de tormenta se fue al fondo del mar tras chocar con unas rocas conocidas como As Lobeiras. Sus seis tripulantes se pudieron salvar. Lo que se fue al fondo fue una estructura de 47 metros de eslora cargada del abono que traía de Marruecos para el puerto de A Pobra do Caramiñal. Al menos sus seis tripulantes salvaron sus vidas. Ahora los submarinistas lo han convertido en su centro de ocio.

Corría el año 1977 cuando esta nave volvía de Marruecos con sus bodegas cargadas de abono con destino al puerto de A Pobra do Caramiñal. Su tripulación, formada por seis marineros arousanos, ya atisbaban prácticamente tierra cuando sobrevino la tragedia. Los 47 metros de eslora del mercante encontraron su talón de Aquiles en unas rocas conocidas como As Lobeiras, en una superficie muy próxima a la isla de Rúa.

Los motivos que llevaron a aquellos avezados marineros a llevar el casco del barco hacia esa zona se deben en buena medida a la extraordinaria tormenta que aquella noche invadió toda la ría. El boquete que se produjo en la parte baja del casco fue de tal calibre que nada se pudo hacer por salvar aquella estructura. Lo mejor de aquella desgracia estuvo en que los seis tripulantes pudieron salvar la vida y convertirse en testigos de la historia después de 38 años.

Aquel extraordinario mercante pasó a convertirse en un pecio que todavía mantiene un magnífico estado de conservación, "toda la estructura está prácticamente intacta. Todavía se puede localizar el boquete en el casco que le produjeron aquellas piedras".

Los restos del Aries impactan incluso por la propia posición que aún conserva. Y es que todo el barco descansa igualmente sobre su quilla en posición totalmente vertical, como si todavía estuviese surcando los mares, aunque aquel movimiento sobre las olas haya pasado a convertirse en una inmovilidad pétrea ambientada con los sonidos submarinos de una zona rica en fauna y especies.

Un total de 21 metros son los que separan ahora la cubierta del pecio de la superficie. Allí descansa conservando toda su estructura formando estampas que impresionan. "Puedes entrar en el camarote, en los baños... Aún se conservan los sanitarios. Está en una posición como si quisiera volver a navegar".

La buena conservación de la nave y su nivel de dificultad baja para bucearlo son alicientes que también aumentan su atractivo. Durante la inmersión se puede recorrer todo el perímetro del casco, el castillo de proa, la bodega y el puente de popa. Allí se puede ver la antigua bañera y los compartimentos de los camarotes y puente de mando.

Después de casi cuatro décadas de estancia submarina, el Aries se ha convertido en un elemento más del fondo marino con el que se han familiarizado las propias especies. Allí cual centro de investigación conviven todo tipo de especies marinas convirtiéndose además en un buen vivero para la pesca submarina. Nécoras, centollas, sepias, pez de San Pedro, maragotas o fanecas son algunos de los ricos manjares que allí conviven.

Toda una fuente de conocimiento marino que se suma a otras que también se ocultan bajo la inmensidad del mar. La batea que se hundió con el ciclón Hortensia y que también es ahora un punto habitual de las expediciones submarinas. Tan indómito como atractivo y desconocido. Así se presenta la historia de un Aries que se ha convertido en el pequeño Titanic de nuestra ría.

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