EL PUENTE DEL DIABLO 

Aunque no hay precisión en cuanto a la fecha exacta de su construcción, sí se puede decir que ésta se llevó a cabo durante el siglo I a. C. bajo el gobierno del emperador Augusto. Este monumento arquitectónico histórico fue creado para llevar agua a la antigua ciudad de Tarraco, hoy Tarragona, entonces capital de la provincia romana de Hispania Citerior Tarraconensis y que estaba recibiendo un importante impulso urbanístico.

El acueducto empezó a entrar en desuso y la construcción comenzó un proceso de deterioro y desaparición debido a la expansión de la ciudad. En 1908 un catedrático del Instituto de Tarragona y sus alumnos intentaron reconstruir el recorrido hasta donde les fue posible pero sólo fue hasta 1974 cuando se demostró que el acueducto sólo podía traer agua desde el Francolí (Tulcis en latín) entre el Rourell y Puigdelfí cerca de un sitio llamado Torreconta zanjando así las dudas acerca de la procedencia de las aguas que discurrían a través del sistema de canalización ya que anterior a esto se pensaba que el acueducto de Les Ferreres utilizaba el caudal del río Gaiá desde el Pont d’Armentera, hecho que finalmente quedó desmentido.

La obra, que en 1905 fue declarada Bien Cultural de Interés Nacional y en 2005 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, está compuesta por sillares unidos sin argamasa. De un extremo al otro del barranco dels Arcs, el Pont del Diable mide 217 metros y 27 metros de altura. Tiene dos líneas de arcadas, una sobre la otra. La línea superior está compuesta por 25 arcadas y la inferior por 11.

Quien vea por primera vez, o por enésima vez el puente romano que, por sus arcos en forma de herraduras doradas, se le denomina de Les Ferreres- aunque valdría más llamarlo de Les Ferredures-, creerá que es una obra divina, una obra de los ángeles… ¡Pero no es así! ¡Quien lo construyó fue el mismo Diablo!

Pero lo esencial, lo más importante es saber que el arquitecto fue el mismísimo Satanás. La primera versión del hecho cuenta que, ya hace muchos siglos, una doncella tenía que ir a buscar agua cada día a una gran distancia de la ciudad y le enojaba mucho tener que subir y bajar el valle que forma el lugar donde hoy se levanta el acueducto. El Diablo pactó con la doncella construirle un puente a cambio de su alma. Ella a la vez le puso una condición:

-Antes de que salga el sol- le dijo-tiene que estar acabada tu obra. Si no es así, mi alma quedará libre de tu poder. Riéndose de estas tonterías, el Diablo comenzó la obra con entusiasmo, dando ya por seguro la posesión del alma de la jovencita tarragonina.

Pero aquel día Dios quiso que el sol saliera antes de hora y el gallo, fiel cumplidor de su misión, como cada día, saludó al sol y, esta vez con el mejor y más estridente quiquiriquí de su vida. Fue una lástima. Al Diablo le faltaba poco para acabarlo. Se quedó sin el alma de la doncella y Tarragona tuvo un acueducto, del cual se han servido mucho en el transcurso del tiempo.

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