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Cabo Roncudo

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Dicen que el nombre de Cabo Roncudo procede del ronco rumor del mar cuando se estrella contra las rocas. En ellas, los hombres y mujeres de Corme arriesgan sus vidas escapando de olas y remolinos para obtener el mejor y más sabroso percebe del mundo. Pero han muerto tantos allí que la zona está sembrada de cruces blancas como las que se ven en la foto de la derecha. Es además cementerio de decenas de barcos naufragados, como tantos otros cabos en A Costa da Morte.

El faro, que entró en funcionamiento en 1920, está situado en un entorno salvaje e increíblemente fantástico, lleno de tojos y rocas de granito erosionadas por el viento, muchas de ellas cubiertas de liquen. No es un faro demasiado bonito, y, efectivamente, pude comprobar que es gemelo de aquel otro de Laxé del cual ya hablé en marzo. Está cubierto de azulejos blancos, su linterna no está acristalada y el color de su luz también es blanco. Sin embargo, su aspecto deslucido en medio de ese paisaje agreste es de lo más apropiado.

Para llegar al faro hay una buena carretera de unos dos kilómetros que sale desde el final del puerto de Corme ¡pero hay que estar muy atentos para encontrarla! La zona está muy cuidada, y unos metros antes de llegar al faro tienen mesas y bancos de piedra para los turistas; el problema es que el fuerte viento hace desagradable estar allí sentado e imposible dejar cosas en las mesas sin que salgan volando.

A la salida de Corme, está la famosa Pedra da Serpe, que, según la leyenda, está allí desde que San Hadrián (el mismo que tiene una ermita enfrente de las Islas Sisargas,) libró de forma milagrosa a la parroquia de una plaga de serpientes, encantándolas debajo de esta piedra. No obstante, parece que se trata de algún antiquísimo culto pagano que la Iglesia quiso cristianizar colocando encima la cruz.

Pero antes de ir hasta allí decidí parar en alguno de los lugares de tapeo que hay en Corme porque ¡es impensable haber estado allí y no probar los famosos percebes do Roncudo! Dicen que son tan sabrosos gracias a la fuerza del mar en esa zona; desde luego a mí me parecieron deliciosos.

A la vuelta de Corme pasamos por un sitio realmente curioso: la capilla de A Nosa Señora do Faro, en el Monte de O Faro, a pocos kilómetros del pueblo. ¡Cómo no acercarse a conocer un lugar con ese nombre! Parece que antiguamente allí se encendían hogueras para guiar a los barcos o avisar de la llegada del enemigo. La capilla se levantó en 1959 y fue costeada por un emigrante. La torre mide nada menos que 39 metros, a mí me pareció un poco desproporcionada en relación con el resto del edificio, pero vale la pena acercarse a visitarla.