Faro de Garrucha

1/5

Una vez aprobado el cambio de emplazamiento del problemático faro de Villaricos, se decide emplazar el nuevo faro en una zona más habitable situada en las inmediaciones de la población de Garrucha. Primero se hizo una instalación provisional en el Castillo de Jesús Nazareno, situado en la parte sur del pueblo, entonces dentro del término municipal de Mojácar.

El autor del proyecto, suscrito en 1879, fue el ingeniero Ricardo Sáez de Santa María. Entre sus prescripciones figuraba la construcción de la luz provisional y el aprovechamiento para el nuevo faro de todos los materiales útiles del antiguo de Villaricos. Las obras se adjudicaron al contratista Ramón Muley López.

El 1 de noviembre de 1880, el que hasta entonces había sido encargado del faro de Villaricos tomaba posesión e iluminaba la nueva luz roja provisional del castillo, que permanecería durante un año en servicio.

El faro de quinto orden de Garrucha, emplazado a muy pocos metros al norte del castillo, se encendía por primera vez el 28 de noviembre de 1881, con el mismo aparato y linterna de la casa francesa Sautter, la misma característica de luz blanca fija y el mismo alcance de 9 millas que tenía el de Villaricos. Estaba dotado de una lámpara Maris de una mecha con parafina de Escocia como combustible, que después utilizaría petróleo. El edificio era cúbico y sencillo, de una planta y azotea plana, con la torre cilíndrica semiempotrada en la fachada trasera.

No sabemos quién fue el torrero que inauguró esta luz, sólo sabemos que era el mismo que estaba en Villaricos cuando el faro dejó de funcionar y que el último torrero de ese faro del que se conoce el nombre fue José María Macías, del que tenemos noticia a través de una comunicación fechada en 1876.

Tras el duro 1885, calificado por los historiadores como año de grandes calamidades para la comarca, en 1886 se fundaba en Garrucha la Sociedad de Salvamento de Náufragos, que dos años después conseguiría tener su primera caseta en la playa junto a la de Sanidad, que se construyó a la vez.

En la documentación del faro de Garrucha hay un enorme vacío, de unos veinte años, hasta principios del siglo XX en que aparecen algunas referencias en los libros personales de los torreros y en el libro de visitas. Lo que sí sabemos es que, al ser un faro calificado de descanso, siempre tuvo un único torrero destinado para su servicio.

El día 19 de abril de 1902 cesaba en este faro el torrero 2º Antonio Gómez, del que no conocemos la fecha de entrada, tomando posesión de este el torrero 1º Juan Pedro Revueltas.

A mediados de noviembre, de ese mismo año, el fuerte viento de poniente hizo que la balandra “San José”, que estaba fondeada en el puerto de Garrucha, soltara el ancla y terminara varada en tierra.

En esta época Garrucha tenía 6.500 habitantes, que se irían reduciendo notablemente en los años siguientes a causa de la caída de inversiones extranjeras en la minería que dio la primera guerra mundial.

El ayudante Deodato Donoso y el ingeniero jefe del Servicio Antonio García visitan el faro el 27 de Junio de 1915, para instalar un pluviómetro y se encuentran con los Ingenieros del servicio marítimo, que están tomando datos para el estudio del puerto de Garrucha.

Las bombas de Palomares El 17 de enero de 1966 será una fecha sonada para la provincia deAlmería por el accidente de dos aviones norteamericanos, de los muchos que sobrevolaban esta zona. Ese día, chocaban en pleno vuelo un bombardero B52 cargado de bombas nucleares y el avión nodriza que le abastecía, cayendo los restos de los dos aparatos y sus tripulantes sobre toda la costa de Vera y Pulpí. Sobre Palomares cayeron las cuatro bombas nucleares que transportaba el B-52. Después del accidente, la zona donde habían caído los proyectiles se llenó de militares norteamericanos que se llevaron las bombas y todo lo que había alrededor de las que cayeron en tierra, pero no fueron capaces de encontrar la que cayó en el mar.

El farero veía a los aviones que repostaban casi en la vertical del faro, muy a menudo. El día del accidente, el viento de poniente se llevó los aviones algo más al norte. Él y su mujer vieron pasar los aparatos norteamericanos y se metieron en la vivienda del faro. Al momento escucharon unos ruidos bastante fuertes y volvieron a salir. Lo que vieron fue un amasijo de hierros ardiendo que caía del cielo y varios paracaídas. Uno de los paracaídas, que transporta una bomba, estuvo casi parado en el aire por efecto de una corriente térmica, después el viento se lo llevó mar adentro y lo dejó caer en el agua. Rita, la mujer de Gambero, quería ir a ver qué pasaba en la zona donde habían caído los aviones, pero él sabía que esos aviones transportaban bombas nucleares y que no era prudente acercarse. Eso les libró de contaminarse, como le pasó a mucha gente en los primeros momentos.

El 10 de marzo, en el vecino Palomares, aparecía el ministro Manuel Fraga con todo su sequito para darse un baño en el mar, que de momento seguía conteniendo la bomba en su seno, intentando quitarle importancia a la desgracia nuclear. Los periódicos se llenaron de fotografías de Fraga con un enorme bañador saludando a la cámara desde el agua, acompañado del embajador norteamericano. Casi un mes después tuvo que ser un pescador, desde entonces conocido como “Paco el de la bomba”, quien lograra localizar el peligroso regalo que los norteamericanos habían dejado en estas playas.