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El Ocaso en Touriñan

Este es un lugar mágico como ninguno. Dos veces al año, a principios de la primavera y finales del verano, el cabo Touriñán se convierte en la última línea de sombra del ocaso en la Europa continental. Además, aquí finaliza la antigua ruta del "Callis Ianus" "Sendero de Jano" (que siglos más tarde fue sustituida por el "Camino francés a Santiago"). Queda configurada sobre el territorio peninsular uniendo los dos extremos oriental y occidental de la Hispania Citerior: el Cap de Creus en Oriente, donde se emplazaba el templo de Venus Pyrenea, y el Ara Solis en el extremo occidental en el actual cabo Touriñan.

Hace dos mil años Augusto y Agripa levantaron las primeras cartas geográficas de la península Ibérica.

En el mundo antiguo era el Cabo Touriñan el verdadero "Fin del Mundo", el extremo occidente donde se levantó el Ara Solis por Augusto.

  1. El punto más occidental de la península es el cabo de Touriñán, longitud 9º 17' 50'' O.

  2. El punto más oriental de la península es el cabo de Creus, longitud 3º 19' 13'' E,

Realizados los cálculos utilizando como centro la Ermita de San Bartolomé de Ucero, en el cañón de rio lobos en la provincia de Soria, los datos son al menos sorprendentes.

  • San Bartolomé a Cabo de Creus = 532 Km. con 744 metros

  • San Bartolomé a Cabo de Touriñan = 532 Km. con 793 metros, escasos 50 metros.

La ermita templaria de San Bartolomé, en pleno Cañón del Río Lobos, es la obra cumbre del simbolismo y esoterismo de la Orden del Temple

El Cañón del Río Lobos ha sido utilizado por los peregrinos del Camino de Santiago para enlazar con el Camino Francés y el castillo de Ucero, de origen templario, llegó a servir como albergue de peregrinos.

Los mapas templarios publicados en “La Meta Secreta de los Templarios”, han descubierto la importancia de este lugar equidistante entre dos puntos septentrionales más extremos de la península ibérica como son los cabos de Creus y Touriñan. La posición natural de esta punta de tierra que se introduce impasible un kilómetro en el océano Atlántico, lo convierte en el lugar por donde desaparece el último rayo de sol de la Europa continental. Son unos dos meses y medio al año para disfrutar de una simbólica puesta de sol en este salvaje tramo de la Costa da Morte. Este es un lugar solitario, de ahí también su belleza. Desde el equinoccio de primavera, entre el 21 de marzo y el 25 de abril, y después, del 13 de agosto hasta el 22 de septiembre, este lugar se convierte en un excelente balcón para presenciar el finis solis. La situación de cabo Touriñán, sobre un brazo de tierra que se adentra en el Atlántico hacia el fin del mundo, le otorga este privilegio natural. Cabo Touriñán toma el relevo del CABO DA ROCA, en Portugal, y luego, se lo cede a VARDETANGEN, en Noruega, tal y como explica el catedrático de Física Aplicada (USC), Jorge Mira Pérez, autor del estudio, Análisis de líneas de ocaso en el occidente de Europa. Frente al cabo asoma la Illa do Castelo (o Herbosa), punto más extremo al oeste de la España peninsular. En la cumbre de esta se aprecia mucha piedra desplomada que podría pertenecer a una construcción tipo torre o faro, de ahí vendría el nombre de Castelo. La Illa do Castelo, según dicen los carteles explicativos del Faro Touriñán: “es una enigmática isla donde se encontraron restos arqueológicos”. Sin duda uno de los aspectos que más impresiona del lugar es la fiereza con la que el mar bate contra el acantilado. Los constantes vientos de Touriñán convierten a esta ya de por sí salvaje costa, en un paraje áspero agreste e inhóspito, la vegetación está básicamente formada por retamo espinoso y tojo.

Una interesante historia conocida merced una carta del marqués de Cerralbo, capitán general de Galicia, al rey Felipe II, nos cuenta que, durante la guerra no declarada entre España e Inglaterra, el año anterior a la Armada de 1588, mal conocida como Armada Invencible, los ingleses efectuaron varios ataques y escaramuzas en diversos puertos peninsulares. Las acciones de los piratas ingleses, entre los que destacaron Drake y Norrys, pretendían sacar beneficios económicos para sus inversores, entre los que estaba la propia reina inglesa. En uno de estos ataques, en las proximidades del cabo Touriñán, en Muxía, unos pescadores de la Costa de la Morte consiguieron hundir con una añagaza nada menos que una de estas naos piratas. Este buque, del que desconocemos su nombre, provenía de Corcubión y Fisterra, en donde había sido rechazado, tras un combate, junto a otras dos naos y dos lanchas de la misma nacionalidad. En las proximidades del cabo, capturaron tres pinazas cargadas de madera provenientes de Asturias. Desde allí arribaron al cabo Touriñán. Al advertir a unas embarcaciones de pescadores, comenzaron a darles caza intentando su captura. Los barcos de pesca, indefensos, hicieron uso de su única ventaja, el conocimiento de la costa. Los ingleses se acercaron en la caza hasta corta distancia de la costa. Los pescadores, conociendo las piedras sumergidas y el superior calado de los ingleses, consiguieron atraerlos hacia unos bajos donde la mayor de las naos embarrancó. El buque pirata se hundió rápidamente sin que se salvaran más de ocho hombres de una tripulación aproximada de más de 60.