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Faro de la Isla de Ons

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El Faro de Ons, está situado, en la parte más alta de la isla, y es obra del arquitecto Rafael de la Cerda, quién construyó otro idéntico en la illa de A Rúa. Se encendió por vez primera en abril de 1865, se revistió con azulejos en 1932, y fue de los últimos faros de petróleo a presión -con los de Sálvora y As Sisargas- que existieron, ya que partir de 1990 funcionó con energía fotovoltaica.

Se trata de un aparato catadióptrico de 5º orden y luz fija blanca variada por destellos. Tiene un alcance de 17 millas y una elevación de 128,4 metros sobre el nivel del mar. La torre es de tres cuerpos. Los dos inferiores circulares y el superior octogonal.

Con la aprobación del Plan de Reforma del Alumbrado de 1902 se decide que la luz del faro debe tener un mayor alcance a través de grupos de tres destellos blancos. Para conseguirlo, como sucedió en muchos otros faros, era necesario reformar la torre y aumentar el edificio. La solución que se adoptó fue la de construir un nuevo faro sobre la base del primero. La torre antigua se demolió en parte y se levantó otra de forma octogonal rematada por una linterna de 3,70 metros de diámetro.

Las nuevas obras se inauguraron el 4 de julio de 1926 con una óptica de la casa inglesa Chance Brothers. También se modificó la luz inicialmente prevista y su característica fue la de cuatro destellos relámpagos cada 24, con un alcance nominal de 24 millas.

En el s. XVI el archipiélago de Ons pasó a manos de una familia de nobles, los Montenegro. A finales de este siglo comenzó el asedio de corsarios ingleses y piratas, con Francis Drake a la cabeza, que terminó con la huida de los isleños a la costa. Durante la Guerra de la Independencia se construyeron dos baterías, el Castelo das Rodas (al norte) y la fortaleza de Pereiró (al sur), pero poco se conservan de ellas, pues la piedra se utilizó para la construcción de las nuevas viviendas. La creación de la fábrica de salazón de Valladares (conocida como O Almacén) sí atrajo definitivamente gente de Bueu y Cangas a la Isla de Ons, y que harían de la pesca su actividad económica principal.

En 1929 Manuel Riobó compró el archipiélago de Ons, y ocupó la fábrica de salazón para construir un secadero de congrio y pulpo y comercializarlo. El heredero se suicidó por sus ideas republicanas en el comienzo de la Guerra Civil y dejó la isla de Ons sin gestión directa. El gobierno franquista -en aras de la defensa nacional- expropió las islas en 1940 con la intención de instalar una base de submarinos, que nunca llegaría a constituirse. A la guerra le siguió la hambruna, acentuada por la propia situación geográfica y socioeconómica de la isla; sin embargo, la población no dejó de crecer (en 1955 Ons llegó a tener censados 530 habitantes). En este periodo se dota a la isla de escuelas e iglesia.

Pero las duras condiciones de vida (falta de infraestructuras o carencia de un puerto) motivaron el despoblamiento en apenas 20 años, a la par que comenzaba a desarrollarse una incipiente actividad turística. Muchos isleños sólo mantendrán una residencia temporal. En la actualidad, la isla de Ons es la única de las Islas Atlánticas con población estable.

A lo largo de estos siglos, los colonos de la isla de Ons pagaban rentas al Arzobispo, primero, y a las familias de Montenegro y Valladares, después. Todavía en la primera mitad del s. XX los isleños pagaban rentas por sus viviendas a la familia Riobó, y además estaban obligados a venderles todo el pulpo que pescaban. Y aunque actualmente no se pagan rentas, los isleños se siguen considerando colonos porque las casas donde habitan y las tierras no son suyas.

En las últimas décadas del s. XX el archipiélago de Ons pasó por las manos de varios organismos estatales, hasta que en 1982 es transferida a la Xunta de Galicia, y el 1 de julio de 2002 se integra dentro el Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Illas Atlánticas de Galicia.