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Los faros son seres vivos.

Mas que formar parte del paisaje, lo crean.

En la noche, la lucha continua entre el hombre y el mar, y aumentan los riesgos de los navegantes. El reconocimiento de la costa resultaría empresa difícil si no viniesen en ayuda de los marinos los faros, una torre alta situada en las costas y puertos con luz de largo alcance, de forma que al ser avistada por la tripulación, puedan determinar su situación en la carta de navegación y así precisar los puntos más peligrosos del litoral, rectificando el rumbo si es necesario, o marcar con eficacia la entrada a puerto o refugio acogedor. Existen pocas referencias sobre el origen y primitivo desarrollo de estas señales marítimas, parece lógico suponer que se remontan a cuando los hombres se atrevieron a navegar lejos de sus habituales lugares de fondeo. Al perder de vista la costa conocida, sintieron la necesidad de adoptar medidas que favoreciesen su orientación durante la noche. La primera solución que arbitraron fue la de encender grandes hogueras en los promontorios. El nombre de faro proviene de una famosa torre que fue construida bajo el reinado de Ptolomeo II (285-247 a.d. J.C.) en la isla de Pharos para señalar la entrada al puerto de Alejandría.