



Faro de Cordouan conocido como el “Versalles del mar” es el noble guardián del estuario de la Gironda.
Se estima que, en el siglo XIII, cuando esta región estaba en manos inglesas, se proyectó el primer faro sobre el lecho rocoso del islote de Cordouan, que separa dos canales navegables con diferente profundidad. Con una altura de unos 16 metros, un eremita se encargaba de su mantenimiento y el cobro del paso. Tiempo después, el estuario pasó a manos francesas y el faro fue decayendo hasta estar en estado ruinoso. En la década de 1580 se proyectó uno completamente nuevo, dejando el diseño en manos del ingeniero Louis de Foix. Tras más de dos décadas fue terminado en 1611. El diseño de de Foix fue una ambiciosa mezcla de fortín, palacio y faro con una profusa decoración. Tan funcional como simbólico, Cordouan contaba con una amplia plataforma para defenderse de los embates del mar, tres pisos con diferentes funciones y dos linternas. Pese a todo, una fuerte tormenta dañó el faro, que solo se reparó décadas después.
A mediados del siglo XVIII, Cordouan volvía a necesitar una reforma. Además, los marineros se quejaban de su altura, que limitaba su visibilidad desde el mar. En 1782 se aprobó la reforma y ampliación de Joseph Teulère, que es básicamente el faro que vemos hoy. Tras retirar las linternas anteriores se construyó sobre la estructura renacentista hasta elevar el faro a los 67,5 metros actuales. La visibilidad en alta mar mejoró, pero más aún gracias a la tecnología. Primero fue la instalación de un quinqué y luego, con mucho más impacto, la primera lente de Fresnel del mundo. Esta invención de comienzos del siglo XIX, aún habitual, llevó la visibilidad de Cordouan hasta los cuarenta kilómetros actuales. Desde entonces solo se han incorporado innovaciones como la electricidad. Cordouan se ha automatizado solo parcialmente y es el único faro francés con fareros permanentes.

La linterna (séptimo piso)
La sala de vigilia (sexto piso)
La sala de las lámparas (quinto piso)
La sala del contrapeso (cuarto piso)
La sala de los Girondinos (tercer piso)
La capilla (segundo piso)
Los aposentos del rey (primer piso)
El vestíbulo (planta baja)
La habitación del ingeniero (en la corona)

séptimo piso - La linterna
Tras haber subido los 301 escalones, el balcón en la cima del Faro brinda una vista sobre el estuario del Gironda que deja sin aliento.
Arriba se encuentra la sala de la linterna (cerrada al público) que fue el laboratorio de todas las innovaciones tecnológicas en materia de iluminación durante varios siglos. Actualmente, la linterna está equipada de una bombilla de 250 vatios y posee un alcance luminoso de aproximadamente 40 km.

sexto piso - La sala de vigilia
Era en esta habitación donde los torreros se turnaban para comprobar que la linterna funcionaba correctamente. Detrás de los paneles había dos dormitorios básicos.
Aquí también se escribían los informes de control, en los que se indicaban las horas a las que se encendían y apagaban las linternas, el consumo y cualquier acontecimiento excepcional.

quinto piso - La sala de las lámparas
Al inicio esta habitación era empleada para almacenar el material de iluminación.
Desde la primera iluminación de la torre de Louis de Foix en 1611 hasta la actualidad, varios combustibles se han utilizado para garantizar la iluminación del Faro: espermaceti o esperma de ballena, carbón, aceite de colza, gas de petróleo… hasta generadores eléctricos.

cuarto piso - La sala del contrapeso
Esta sala albergaba hasta 1987 el contrapeso que servía para marcar la luz de la linterna.
Un contrapeso impulsaba una máquina de rotación que accionaba a su vez una cubierta que giraba alrededor de la bombilla permitiendo así alternar entre claridad y oscuridad.
El faro de Cordouan fue uno de los primeros en el mundo en utilizar esta técnica originaria de la relojería.

tercer piso - La sala de los Girondinos
En 1786, se decidió incrementar la altura del faro en más de 20 metros para facilitar el guiado de los barcos por el estuario del Gironda. Este desafío científico, técnico y arquitectural fue encargado al arquitecto Joseph Teulère, quien deseaba preservar la integridad de la obra de su predecesor, Louis de Foix.
En esta sala, el arte de cortar y ensamblar la piedra (conocido como estereotomía) es excepcional: cada piedra es única y su posición se ha definido antes de cortarla para que las piedras encajen a la perfección. La escalera descansa sobre un techo abovedado, curvado en forma de cono para dar al techo su característica forma de corazón.

segundo piso - La capilla
Se dice que Cordouan es el único faro que posee una capilla: ¡así de singular es! Es fruto del deseo de Enrique IV de mostrar a todo el mundo su conversión al catolicismo y a la monarquía de derecho divino, en la continuidad de sus predecesores.
Si bien los bustos de Luis XIV y Luis XV fueron retirados durante la Revolución Francesa, la inscripción que celebra a los dos reyes justo encima de la puerta se conservó, así como los monogramas de Enrique III y Enrique IV. El busto sobre la puerta es el de Louis de Foix, primer arquitecto de Cordouan.

primer piso - Los aposentos del rey
Símbolo del poder real, Cordouan es excepcional entre los faros por tener un piso dedicado al rey. Verdadera sala de ceremonias, esta habitación tiene el suelo de mármol blanco y negro y las paredes decoradas con pilastras jónicas. Pero que conste que ningún soberano ha estado nunca en Cordouan.

El vestíbulo (planta baja)
Esta sala de planta cuadrada cuenta con pequeñas habitaciones de apenas 5 m2, que se utilizaron como dormitorios para los torreros durante casi dos siglos. El confort era bastante espartano. Afortunadamente, las condiciones de vida de los guardias han mejorado considerablemente desde entonces, y sus habitaciones se encuentran ahora fuera de la torre, en la corona.

La habitación del ingeniero (en la corona)
A partir del siglo 19, estas dos salas con paneles de roble fueron utilizadas por los ingenieros del departamento de Faros y Balizas para comprobar el funcionamiento de Cordouan.