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Punta Nariga

Desde Cabo Nariga a Corme hay unos 10 kilómetros de sendero. Es un paisaje fascinante donde sobrevive el mejor percebe del mundo. Los percebeiros conocen palmo a palmo este itinerario. Es curioso escuchar con que sentimiento hablan del lugar. Sus vidas forman parte de este camino, y al revés. Es un mundo genuino, muy particular, muy gallego. Amplias praderas combinadas con bosques de eucaliptos y riachuelos tímidos, donde se ocultan auténticos tesoros de la antigüedad: descubrimos una calzada romana, castros milenarios ocultos entre la maleza, una escultura de una serpiente presumiblemente de la época celta y multitud de petroglifos cuyo origen se desconoce. Es un mar temible, frío, es casi intratable. Casi siempre, sus olas golpean obstinadamente, sin compasión, como si les fuera la vida en ello. Una y otra vez. Y cuando no lo hacen, se nota que es una calma reprimida. Se sostiene allí una lucha preciosa entre un océano incontenible y el continente. Allí solo sobrevive la entereza, el aferrarse a la existencia... Precisamente en esa parte del mundo tan adversa es donde nace, vive y muere uno de los crustáceos – que no molusco - más apreciados de la gastronomía mundial: el percebe de Roncudo.

«El percebe bueno es el que es tan alto como ancho, entendámonos, el que más se parece a un dedo gordo del pie. El percebe es como comerse un trozo del océano, igualito. Cierras los ojos y en el océano hay todo: hay algas, peces, langostas, aire… a todo eso saben los percebes. Es un trago de océano cien por cien»

El percebeiro es una figura clave en estas latitudes. Son hombres y mujeres que llevan este oficio en el corazón desde críos. Cuando el sol aún bosteza ya están listos para apañar (recoger el percebe). Se reúnen como siempre. Es una liturgia. Debido al saqueo clandestino, la recogida de percebe está muy controlada y sólo se puede faenar con la licencia correspondiente y con fechas y puntos de trabajo previamente asignados, dependiendo de las mareas y del estado vital de los percebes.

Cargados con sus utensilios de trabajo a la espalda, la ferrada y el troeiro (una espátula para arrancar el percebe y una red para guardarlo), descienden en hilera por los peñascos que les llevarán hasta donde se quiebra la mar. El faro Nariga nos recibe imponente, observando el horizonte luminoso, ilimitado, tal vez guiando a los percebeiros en su ansiada y romántica búsqueda del percebe. Los atardeceres y las puestas de sol quitan el hipo.

Punta Nariga también es el lugar adecuado para hablaros de un grave problema medioambiental existente en este camino, y aquí es la primera vez que aparece. La planta invasora Carpobrotus Edulis (uña de gato), originaria de Sudáfrica, está acabando con la flora autóctona de la costa y la podéis ver en grandes manchas alrededor del faro.