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Cementerio de Luarca

El cementerio de Luarca es sin duda uno de los más bonitos de Asturias, situado en un promontorio que se adentra en el mar Cantábrico denominado “La Atalaya” donde también se ubica el faro de Luarca y la famosa mesa de mareantes y navegantes, sin duda, si visitas Luarca, esta zona no puedes perdértela, las vistas desde allí arriba son espectaculares.

El cementerio de Luarca es conocido mundialmente por estar allí enterrado Don Severo Ochoa de Albornoz, oriundo de Luarca y Premio Nobel de Medicina en 1959.

Severo Ochoa nació en Luarca el 24 de septiembre de 1905 y falleció en Madrid en 1993, sus restos se trasladaron a su lugar de nacimiento para ser enterrado junto a su mujer Carmen García Cobián en uno de los cementerios más bonitos de la costa cantábrica.

La villa costera de Luarca, además de su belleza o su preciosa atalaya debe su nombre a una leyenda, que procede de la historia de un lobo, que dio nombre a esta ciudad asturiana.

En tiempos remotos, la actividad fundamental del puerto de la ciudad era la pesca, y por otro lado la presencia de los lobos era algo muy común en el Norte de España. La leyenda dice que una tarde llegó al puerto un enorme barco cargado con una hermosa arca. La dejaron en Luarca con el propósito de que la cuidasen en la villa.

Esa misma noche se oyeron aullidos de lobos, acercándose a Luarca. Cuando los aldeanos se despertaron, observaron a una manada de lobos postrándose ante el arca, rodeándola y venerándola. El jefe de la manada era además el lobo más grande que se había visto nunca por la zona.

De ahí derivó el nombre: El "lobo del arca" o en bable "el llobu del arca" que, por deformación, fue evolucionando a Llobuarca y acabaría dando el nombre a la Villa de Luarca. El arca, se trasladó a la Catedral de Oviedo, pero nadie sabe dónde está el arca, o si el arca existió alguna vez.

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