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Emocional Hotel

Actualizado: 20 ago

Entre la hermosa villa de Muros y la siempre mágica Fisterra encontramos el Faro de Lariño, ahora reconvertido en un ‘hotel emocional’. También conocido como Faro de Punta Insua, no podría tener una ubicación más excepcional.

se encuentra junto a la playa de Carnota, un extenso arenal de 7 km y arenas blancas en forma de medialuna que alterna dunas y marismas

Unos metros más allá espera el monte Pindo, para algunos el Olimpo Celta, por la cantidad de historias relacionadas con sus antiguos pobladores en torno a este lugar. Se trata de un conjunto de rocas graníticas que forman un espacio natural incomparable, rematado a 627 metros de altura por el mirador de A Moa, desde el que observar la escarpada costa.

Pero volvamos a la casa del faro, que ha sido totalmente renovada para acoger 9 únicas estancias, así como un espacio gastronómico, la Taberna el Ariete, con vistas a la playa del Ancoradoiro.

La taberna Ariete situada justo enfrente del faro debe su nombre a un barco que naufragó en los años 60 en la costa de Lariño. Un hecho marcado a fuego en el imaginario colectivo de la región, ya que fueron los propios vecinos de la parroquia de Lira quienes rescataron con vida a sus 166 tripulantes, un suceso que, aún hoy en día, sigue muy vivo en la memoria de las gentes de la zona. “Una gesta que le valió a Carnota la consideración oficial de pueblo humanitario”, tal y como publicó El País en el 2006, con motivo del homenaje a los supervivientes del naufragio.

De estilo minimalista, con un concepto que han bautizado como ‘hotel emocional’ y cada una decorada de forma diferente, los nombres de las habitaciones –Bruma, Espuma, Tormenta o Mar Picado- evocan la costa y la mar, así como su singular ubicación.

Respecto a las zonas comunes, ideadas para trasladar a los huéspedes a la vida que llevaban los antiguos fareros, cabe destacar que la recepción ha sido concebida como “si entraras dentro de la lupa de un faro”, “con 700 botellas en el techo cuyo aspecto cambia en función de las horas y la luz”. También en el techo del salón para desayunos encontramos cepillos para limpiar los barcos, solo que en esta ocasión con las cerdas naturales a la vista.