




Las estatuas de dos ciervos, conocidos como Elafos y Elafina, situadas en la entrada del puerto de Mandraki en Rodas, simbolizan el lugar donde se cree que se erigía el famoso Coloso de Rodas.
El Coloso de Rodas fue una estatua de bronce que se alzó en la ciudad de Rodas, en Grecia, en el siglo III a.C. entre 292-280 a.C.
Dedicada a celebrar la victoria de Rodas y honrar al dios sol Helios. Y fue reconocida como una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.
Aunque la estatua con las piernas abiertas sobre la entrada del puerto es probablemente un mito, Una creencia popular y algunas fuentes históricas sugieren que el Coloso de Rodas pudo haber funcionado, además de como monumento, como un faro guía para los navegantes.
Se teoriza que en la cabeza o en una antorcha sostenida por la estatua del dios Helios se encendía un fuego como una llama de aceite que servía de guía a los barcos que entraban en el puerto de Rodas durante la noche. Su gran altura aprox. 30-33 metros más pedestal lo convertía en una referencia visual inmejorable durante el día, y funcional de noche.
Sin embargo, esta “maravilla” no duró más de 66 años. Durante un fuerte sismo en 266 se agrietó a la altura de las rodillas y cayó. Los rodios, temerosos de una maldición, no reconstruyeron la estatua y sus restos permanecieron desplomados sobre la tierra por muchos siglos. En el 653 cuando los árabes de Moavia saquearon Rodas, vendieron los pedazos a un mercader judío. Dice la tradición que se necesitaron 900 camellos para transportarlos. La leyenda alrededor del Coloso ha sido tan allegada a Rodas que por muchos siglos tanto griegos como occidentales llamaron a los rodios gente “colosal”.