



El faro fue construido durante el siglo III antes de Cristo en la isla de Faro (Pharos), frente a Alejandría. Tras el fallecimiento de Alejandro Magno, el primer monarca ptolemaico, Ptolomeo I, se declaró faraón en 305 a. C. y financió la construcción del faro poco después. El edificio fue terminado durante el reinado de su hijo, Ptolomeo II, y las obras tuvieron una duración de doce años con un presupuesto de 800 talentos de plata. El faro albergaba una hoguera nocturna en la cima, que marcaba la posición de la ciudad a los navegantes, dado que la costa en la zona del delta del Nilo es muy llana y se carecía, por tanto, de cualquier referencia para la navegación marítima, y estaba construido en su mayoría con bloques sólidos de piedra caliza y granito.
Medía entre 115 y 150 metros de altura, lo que lo convirtió en una de las estructuras más altas del mundo durante siglos.
Para emitir luz, se mantenía una hoguera permanente de leña y resina durante la noche, mientras que de día se utilizaban espejos metálicos para reflejar la luz solar. Se estima que su resplandor era visible a más de 50 kilómetros de distancia.
Sufrió graves daños por sismos en los años 956, 1303 y 1323 d.C., este último dejándolo prácticamente en ruinas.
En la actualidad, restos de la estructura original permanecen bajo las aguas del puerto de Alejandría, donde han sido objeto de exploraciones arqueológicas submarinas.