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Marbella
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El hecho de que el Faro de Marbella se encuentre hoy integrado en pleno casco urbano, rodeado de calles, edificios y el paseo marítimo, se debe al gran crecimiento turístico experimentado en la segunda mitad del siglo XX. 
En 1864 el faro original se situó a unos 200 metros al oeste de la villa histórica, en una zona costera apartada conocida como Los Barronales. En aquel momento era una franja costera con formaciones dunares donde apenas había construcciones. 
A partir de los años 1950 y 1960, el rápido crecimiento de la ciudad absorbió progresivamente los terrenos rurales y de dunas que rodeaban al faro, levantándose zonas residenciales a su alrededor. 
Debido a que la edificación en la zona comenzó a ocultar la luz del antiguo faro (que solo medía unos 11 metros de altura), en 1974 se decidió no trasladarlo, sino demoler la vieja estructura y erigir la torre cilíndrica de hormigón blanco de 29 metros que existe actualmente. Esto permitió elevar el foco de luz por encima de los nuevos edificios y ampliar su alcance marítimo hasta las 22 millas náuticas. 
Marbella creció mirando al mar. Mucho antes de convertirse en el destino que hoy conocemos, estas costas fueron testigo del paso de distintas civilizaciones. Fenicios, romanos y pueblos musulmanes dejaron su huella en esta tierra, todos ellos unidos por un mismo horizonte: el Mediterráneo. 
El faro se convirtió, con el paso del tiempo, en otro de los guardianes de ese horizonte. 
Una señal silenciosa que viaja sobre las aguas para decirle al navegante: 
“La costa está aquí. No estás perdido”. 
Hoy mi dron se eleva sobre la costa de Marbella para descubrir su faro, testigo silencioso de generaciones de marineros, viajeros y gentes que han encontrado en esta costa la puerta de entrada a un Mediterráneo lleno de vida. 
Allí, firme frente a las aguas, el faro permanece como un guardián de la costa. 
Durante décadas, su luz ha señalado el camino a quienes navegaban frente a Marbella, especialmente cuando la noche, la niebla o el temporal borraban cualquier referencia de tierra. 
Pero un faro no es solamente una torre. Es la historia de hombres que se hicieron a la mar sin saber qué encontrarían al regresar. Es el recuerdo de barcos que buscaron su destello en mitad de la oscuridad. Y es también la mirada de una ciudad que con el paso del tiempo, transformó su relación con el Mediterráneo. 
Hoy, la tecnología permite contemplar desde el cielo aquello que durante siglos solo podía observarse desde tierra o desde el mar. 
Y mientras mi dron dibuja estas imágenes sobre Marbella, el faro vuelve a convertirse en protagonista. Un pedazo de historia frente al Mediterráneo, que noche tras noche, continúa contando su historia sin pronunciar una sola palabra.

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