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Mi Estepona
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Frente a las aguas de Estepona se levanta el Faro de Punta Doncella, vigilante incansable de esta costa malagueña. Desde hace generaciones, su luz ha acompañado a los navegantes que se aventuraban por estas aguas, marcando el camino cuando la noche cubría el horizonte. 
Cuenta la tradición que cuando el viento soplaba con fuerza y las olas golpeaban las rocas, los marineros buscaban en la oscuridad una señal. 
Y entonces aparecía ella… Una luz girando lentamente sobre el Mediterráneo.
Era la señal de Punta Doncella. 
Con mi dron me acerco para descubrir una perspectiva diferente de este lugar. Desde arriba, el faro parece pequeño frente a la inmensidad del mar, pero su historia nos recuerda que no hace falta ser grande para convertirse en un auténtico guardián. 
Abajo, las olas continúan su viaje hacia la costa. Arriba, el cielo contempla en silencio. Y entre ambos, el faro permanece firme. 
Quizá por eso los faros tienen algo mágico. 
Porque mientras todo cambia a su alrededor, ellos permanecen.
Han visto partir barcos, regresar pescadores, cambiar las ciudades y pasar generaciones enteras. Han contemplado amaneceres y tormentas, noches tranquilas y noches en las que el mar parecía querer tragárselo todo.
Y Punta Doncella sigue allí… Como una doncella de piedra frente al Mediterráneo, esperando cada noche para encender su luz.
Elevé el dron despacio, cortando la brisa salada que venía del estrecho, hasta que la lente de la cámara encuadró la silueta del faro. Desde esa altura, la torre octogonal de piedra clara parecía un guardián plateado vigilando la frontera donde la costa andaluza roza el norte de África.
Comencé a rodar. En la pantalla del mando, los tonos dorados del sol bajando por el horizonte envolvían el faro en un halo cálido. La luz principal, esa gruesa lente que durante más de un siglo había guiado a los marineros entre el Mediterráneo y el Atlántico, empezaba a parpadear para prepararse para la noche. Realicé una órbita suave alrededor de la estructura: las paredes pulidas reflejaban los destellos del mar, y abajo, las olas rompían de forma rítmica contra el espigón del puerto deportivo.
Queriendo capturar la inmensidad del paisaje, incliné el dron en un ascenso diagonal hacia atrás. El faro fue reduciéndose lentamente en el centro del encuadre, revelando el puerto deportivo con sus barcos alineados como miniaturas y el paseo marítimo que bordea la costa. 
El aviso de batería baja me devolvió a la realidad. Con un viraje suave, traje el dron de regreso. Mientras la nave descendía y el zumbido de las hélices se apagaba, supe que no solo había grabado unos minutos de video: había capturado la esencia de Punta Doncella desde los ojos de un ave, guardando para siempre esa luz única que solo el sur sabe regalar.

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