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(2) Torre de Cabo de Gracia Cádiz playa #drone4k Cañuelo - YouTube y 5 páginas más - Perso
Mi Camarinal
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Las hélices de mi dron desmenuzaban el aire dorado del atardecer sobre Cabo de Gracia. Desde la pantalla del mando, veía cómo la vieja torre almenara del Faro de Camarinal —erigida en el siglo XVI, ideada por Felipe II para vigilar las incursiones de los piratas berberiscos— emergía de los acantilados como un guardián de piedra al borde del Estrecho de Gibraltar. 
Cuenta la leyenda del Vigía del Estrecho que el faro no solo se construyó para divisar velas enemigas, sino para custodiar a Argia, un antiguo espíritu marino del Atlántico que habitaba las cuevas bajo el Cabo de Gracia. Dicen los pescadores de Tarifa y Zahara que cuando el mar se calma justo antes del anochecer, Argia emerge para guiarlos lejos de las traicioneras corrientes de la Punta de Gracia mediante destellos de luz.
Despegué el dron sobre los acantilados y subí a cincuenta metros. Desde esa altura, el lienzo era soberbio. La cámara captó el contraste perfecto entre la piedra calcárea iluminada por el último rayo de luz y las aguas cristalinas que cambiaban de turquesa a azul profundo. Hice un giro lento de trescientos sesenta grados. A un lado, la enorme duna de Bolonia parecía un mar de arena dorada detenido en el tiempo; al otro, las calas y la antigua torre de vigilancia.
Con el modo de vuelo suave activado, incliné el estabilizador hacia abajo para trazar una pasada cenital sobre la linterna del faro. En ese instante exacto, la luz automática se encendió, proyectando su primer destello del anochecer directo a la lente, creando un destello de luz mágico en la grabación.
Inicié un ascenso rápido hacia atrás para la toma final. El dron se alejó mostrando la magnitud del paisaje: la torre solitaria, la costa salvaje de Cádiz y al fondo, la silueta oscura de las montañas de África dibujándose en el horizonte. Traje el aparato de vuelta a tierra con la batería rozando el rojo y una sonrisa imborrable. No solo había grabado un pedazo de historia gaditana desde el aire; había capturado la esencia de la luz del sur en su estado más puro.

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