top of page
drone-oropesa-DJI_0421rev-1024x575.jpg
Oropesa-14-9-2025.png
Mi Oropesa
00:00 / 03:37

Había una vez, en la hermosa costa mediterránea de Castellón, un faro que llevaba generaciones contemplando el ir y venir de las olas. Era el faro de Oropesa del Mar, un pequeño guardián del litoral que día tras día, permanecía atento al horizonte, allí donde el azul del cielo se funde con el inmenso mar. 
Una mañana, llegué hasta aquel rincón con mi dron, dispuesto a guardar en imágenes la belleza de aquel lugar. El Mediterráneo brillaba bajo la luz del sol y una suave brisa marina parecía traer consigo historias de antiguos navegantes, pescadores y barcos que habían recorrido aquellas aguas.  
Preparé mi dron y poco a poco, lo vi elevarse hacia el cielo. Desde las alturas, el paisaje comenzó a revelar sus secretos: la costa recortada, las rocas acariciadas por las olas, el pueblo extendiéndose junto al mar y el faro, firme y silencioso, vigilando aquel mundo de agua y espuma, convirtiéndose en un lienzo en movimiento. Pero el verdadero protagonista de la escena se alzaba impasible ante la cámara: el icónico Faro de Oropesa.
Con un movimiento suave de los joysticks, inicié una maniobra de aproximación. El dron se deslizaba por el aire como una gaviota curiosa, rodeando la silueta blanca y esbelta de la torre. Inaugurado en el siglo XIX para guiar a los marineros entre el Cabo de Oropesa y las Columbretes, el faro lucía majestuoso desde el aire, custodiando la costa castellonense como un viejo guardián de piedra. 
Avancé un poco más, elevando el ángulo de la cámara para capturar un plano cenital, mientras las olas dibujaban encajes de espuma blanca a sus pies. El contraste entre la firmeza de la estructura histórica y la inmensidad azul del mar era hipnotizante. 
Giré el dron en un suave arco de 360 grados, capturando cómo la luz rebotaba en las cristaleras de la linterna del faro.  
Fueron solo quince minutos de vuelo, pero al revisar la grabación en la tarjeta de memoria, la sensación fue única: no solo había capturado la arquitectura de Oropesa, sino la paz y la grandeza del mar. Una perspectiva reservada, hasta ahora, solo para las aves y los vientos del Mediterráneo. 
Para el plano final, alejé la aeronave lentamente hacia el mar abierto en un suave retroceso. El Faro de Oropesa quedó encuadrado en el centro de la imagen, recortado contra toda la costa mediterránea. Cuando terminé de grabar, el dron regresó a mis manos. El faro quedó nuevamente en su lugar, frente al mar, cumpliendo su silenciosa misión. 

bottom of page