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(1) La Caracola, Adra, Almería. Hubsan Zino. - YouTube y 4 páginas más - Personal_ Microso
Mi Punta de los Baños
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En la costa de El Ejido, el faro de Punta de los Baños se alza sobrio y blanco, contrastando con los tonos ocres de la costa almeriense y el azul profundo del Mediterráneo. 
Lo que más llama la atención es su arquitectura; en lugar de la clásica torre cilíndrica de muchos faros españoles, Punta de los Baños presenta una torre cuadrangular de hormigón blanco coronada por una plataforma que sobresale hacia el mar, una forma que recuerda a un trampolín.
Y precisamente por eso resulta interesante para una grabación con dron: desde el aire se aprecia muy bien el contraste de la geometría blanca del faro.
Aquella mañana llegué con mi dron. El mar estaba tranquilo y el cielo parecía preparado para convertirse en el escenario de una historia.
Encendí el dron y poco a poco, comenzó a elevarse en vertical. El faro se convirtió en el eje de una composición casi hipnótica; la torre, erguida como un centinela solitario, parecía guardar la frontera exacta entre dos mundos completamente distintos.
Hacia el sur, el azul infinito del mar abierto se perdía en la bruma del mediodía. Pero al girar la cámara hacia el interior, la lente no captó campos verdes ni montañas áridas, sino una planicie colosal de resplandores blancos que cegaban la vista. El mar de plástico: miles de hectáreas de invernaderos extendiéndose hasta donde la vista alcanzaba, una marea rígida y plateada que parecía haber congelado el paisaje en una calma sintética.
Ese día, el viento de poniente soplaba en rachas traicioneras. Mientras ajustaba la inclinación del gimbal para encuadrar la linterna del faro con la masa de plástico de fondo, la señal de vídeo parpadeó un segundo. Volar tan cerca de la linterna exige precisión quirúrgica: un mal golpe de viento y la aeronave terminaría estrellada contra el hormigón.
Con el pulgar sobre el joystick, inicié una órbita lenta alrededor de la linterna. Para captar el contraste: por un lado, la vieja luz que orientaba a los marineros desde mediados del siglo XX; por el otro, la estructura de alambres y polietileno que alimentaba a media Europa. El faro ya no solo vigilaba a los barcos que cruzaban hacia el Estrecho; ahora también parecía una torre de control plantada en el límite entre el ecosistema marino y el imperio del cultivo bajo plástico.
Descendí unos metros para realizar una toma a ras de la línea de costa, atrapando el romper de las olas en primer término antes de ascender rápidamente en un picado vertical sobre la linterna. La batería empezó a pitar, avisando del margen de retorno. Inicié la maniobra de aterrizaje, viendo cómo el faro y la inmensidad blanca volvían a su escala real mientras el dron descendía suavemente, guardando la extraña y fascinante convivencia entre el mar de agua y el mar de plástico.

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