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Mi Torrox
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El Faro de Torrox, en la Costa del Sol oriental, es uno de esos lugares donde la historia marítima y la historia romana se encuentran en un mismo paisaje. 
Fue construido en 1864, en la punta de Torrox, y su torre alcanza unos 23,6 metros sobre el terreno y 28,6 metros sobre el nivel del mar. Su función era servir de guía a los barcos que navegaban por esta parte de la costa malagueña. 
Pero lo más sorprendente está debajo y alrededor del faro. En 1905, el torrero Tomás García Ruiz comenzó a realizar excavaciones y aparecieron los restos de una importante ciudad romana identificada con Caviclum. El complejo incluía una villa, termas, una factoría de salazón, hornos cerámicos y una necrópolis, con actividad entre los siglos I y IV d. C.
Así que este faro tiene una historia muy especial: durante siglos, primero fueron los romanos quienes aprovecharon esta costa para comerciar y elaborar productos del mar; muchos siglos después, el faro volvió a convertir este mismo lugar en una referencia para los navegantes. 
Cuenta la leyenda que en los días en que Caviclum prosperaba bajo el Imperio romano, un joven marinero llamado Lucio se adentró en una tormenta repentina. Desesperada desde la orilla, su prometida Valeria encendió una hoguera en el punto más alto del cabo para guiarlo entre el oleaje desatado. Aunque la tempestad arrastró la embarcación hacia las rocas, una extraña estela luminosa sobre el mar permitió a Lucio divisar el fuego de Valeria y maniobrar a tiempo, salvando la vida. 
Los ancianos del lugar aseguran que con los siglos, el deseo de Valeria de proteger a los navegantes quedó impreso en las rocas del promontorio. Cuando se construyó el faro moderno en el siglo XIX, los fareros comentaban que en las noches más cerradas de niebla, la luz del faro parecía brillar con una intensidad mística, atravesando la bruma como si un destello antiguo ayudara a la linterna a guiar a los barcos de vuelta a casa. 
Al completar la toma y descender el dron suavemente sobre la superficie, guardé en la tarjeta de memoria mucho más que un plano aéreo deslumbrante. Capturé el punto exacto donde la ingeniería del siglo XIX, la arqueología romana y el enigma de una leyenda milenaria se cruzan bajo el horizonte andaluz. 
Mientras el dron realizaba una órbita suave revelando el acantilado y el piso acristalado sobre las ruinas, abajo, el paseo marítimo cobraba vida con el ir y venir tranquilo de la gente, mientras el sonido de las olas se intuía en la calma de la imagen. La toma final realizada en retroceso lento hacia el mar, encogía el faro paulativamente en el encuadre, mientras su haz de luz comienza a parpadear para orientar a las embarcaciones bajo un cielo que se va cubriendo de violetas y sombras. 

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