



El Faro de Águilas se encuentra junto al puerto pesquero y al pie del Castillo de San Juan de las Águilas. Está situado en el extremo de Punta Negra, en la entrada del puerto y frente a la bahía de Levante.
Es un lugar especialmente interesante para una grabación con dron, porque permite mostrar en una misma secuencia la torre del faro, el puerto, la bahía de Levante y el castillo sobre el promontorio.
Llegué con una idea muy clara: quería que mi dron no se limitara a grabar un faro, sino que consiguiera contar la historia de un lugar. Preparé mi dron y esperé el momento adecuado para comenzar el vuelo.
Cuando las hélices comenzaron a girar, el dron se elevó lentamente. Desde el aire, la torre cilíndrica, con sus características franjas blancas y negras, destacaba sobre el paisaje costero como un centinela vigilando el puerto. El faro mide 23 metros y su luz se encuentra a unos 30 metros sobre el nivel del mar.
Hice una toma alejándome lentamente del faro. Poco a poco, la torre quedó integrada en el paisaje: el puerto, la bahía de Levante, el monte, el castillo y el Mediterráneo aparecieron juntos en una sola imagen.
Después llegó uno de los momentos que más me gustan de estas grabaciones: elevar el dron para descubrir desde arriba cómo el faro parece custodiar la entrada al puerto. Desde esa perspectiva se comprende mejor su posición estratégica y su relación con todo el paisaje marítimo de Águilas.
Inicié una órbita lenta alrededor de la linterna del faro. El contraste era impresionante: por un lado, el bullicio tranquilo del puerto pesquero con los barcos regresando a puerto; por el otro, el mar estrellaba pequeñas crestas de espuma blanca contra la base de las rocas, dibujando un patrón que solo se aprecia desde el cielo.
Pensé entonces en que mi dron hacía algo diferente. No guiaba barcos, guiaba mi mirada.
Cada movimiento de cámara iba descubriendo una parte del paisaje y convirtiendo el vuelo en una pequeña historia. El faro dejaba de ser simplemente una torre y se convertía en el protagonista de mi grabación.
Finalmente alejé el dron hacia el mar y dejé el faro en el centro de la imagen, pequeño frente a la inmensidad del Mediterráneo.
Y mientras contemplaba la grabación, pensé que quizá esa sea la magia de los faros: permanecen quietos mientras todo cambia a su alrededor.
Han cambiado las embarcaciones, las luces, la tecnología y las ciudades. Pero ellos siguen allí, mirando al horizonte.
Y aquel día, desde mi dron, tuve la oportunidad de guardar para siempre una pequeña parte de esa historia.
El Faro de Águilas seguía encendido frente al Mediterráneo… y mi cámara había conseguido convertir su luz en memoria.