



El Faro de la Punta de la Mona, también conocido como Faro de La Herradura, se encuentra sobre uno de los lugares más espectaculares de la Costa Tropical de Granada, en el término de Almuñécar. El Faro guarda la bahía de La Herradura con la elegancia tranquila de una torre que ha visto pasar siglos.
Tras la calibración de rutina, el dron despegó verticalmente. En los primeros veinte metros de altitud, el encuadre cambió de escala: la ladera verde, las rocas escarpadas y la torre vigía de origen nazarí —convertida en faro a finales del siglo XX— quedaron integradas en una panorámica espectacular sobre el mar.
El dron se elevó verticalmente desde el mirador, separándose lentamente de la tierra firme. Cada movimiento de palanca parecía trazar una pincelada en el aire: primero un plano ascendente hacia el cenit para mostrar el corte abismal del acantilado cayendo sobre el agua cristalina; luego, un plano de acercamiento lento que revelaba la escalera helicoidal exterior envuelta en la bruma marina.
La curva de La Herradura parecía un arco trazado a mano alzada, salpicado por el blanco de los veleros atracados en Marina del Este.
Ajusté el dial de la cámara para realizar una órbita lenta alrededor de la linterna del faro. En la pantalla, el contraste era hipnotizante: la piedra antigua de la torre, el vidrio reflectante del faro y de fondo, el sol que comenzaba a tocar el horizonte en dirección a Málaga.
De pronto, mientras el dron completaba el giro para captar la luz dorada reflejada sobre la linterna, una pareja de gaviotas se cruzó en la trayectoria del plano. No con pánico, sino con la elegancia de quienes dominan el viento. El sensor registró el paso de las aves regalándome una toma cinematográfica imposible de planificar.
Con la batería marcando el tiempo justo para el regreso, inicié el descenso en modo suave. Las hélices cortaron el aire una última vez antes de posarse. Al apagar el equipo y guardar la tarjeta de memoria, la pantalla ya no mostraba imagen, pero el vuelo —y la luz dorada envolviendo la vieja torre de Punta de la Mona— había quedado inmortalizado para siempre.