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Mi Farola
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El amanecer sobre el Puerto de Málaga no empieza en la tierra, sino en el aire. Con un zumbido, el dron cobra vida, se eleva de forma suave y deja atrás el bullicio que poco a poco empieza a despertar en la ciudad. Desde arriba, el Mediterráneo se despliega como un manto azul plomizo que espera los primeros rayos del sol. 
A medida que el dron avanza hacia la embocadura del puerto, la silueta inconfundible de La Farola emerge con esa elegancia clásica que la distingue de casi cualquier otro faro. Construida en piedra blanca a principios del siglo XIX, la estructura destaca contra la luz dorada de la mañana. No es solo una señal para los navegantes; es uno de los pocos faros de España que se conocen con un nombre femenino, guardiana silenciosa de la bahía. 
La Farola ha sido testigo mudo de todo: tembló con el gran terremoto de 1884 y calló en la oscuridad durante la Guerra Civil, cuando ordenaron camuflarla de color tierra y apagar su destello para proteger el puerto de la marina enemiga. Sin embargo, renació entre escombros en 1939 para seguir marcando el rumbo a barcos y mercantes. 
El encuadre se ajusta suavemente. En una toma de órbita fluida y pausada, la cámara rodea la linterna del faro. Se aprecian la precisión de la mampostería, la balaustrada metálica y el destello aún encendido de la óptica que durante más de dos siglos, ha guiado la entrada de buques, veleros y pesqueros a la costa malagueña. 
El dron sube unos metros más para capturar una perspectiva cenital. Desde esta altura, la composición revela un contraste perfecto: a un lado, las líneas modernas de El Palmeral de las Sorpresas y el Muelle Uno, vibrantes y llenos de vida; al otro, el horizonte infinito del mar de Alborán. Al fondo, recortadas contra el cielo, la Alcazaba y el castillo de Gibralfaro observan la escena desde las alturas de la ciudad, uniendo el pasado árabe con el presente luminoso de Málaga. 
Un giro lento hacia el este atrapa el momento exacto en que el sol rompe sobre las aguas, tiñendo el fuselaje del dron y la fachada del faro con un tono cálido y resplandeciente. El viento marino estabiliza la toma mientras las gaviotas cruzan el encuadre, añadiendo movimiento a una postal aérea perfecta. 
Iniciando un descenso suave de regreso, la grabación se cierra con una toma en retroceso que despide a La Farola, erguida y sobria, como el alma serena que da la bienvenida a todos los que llegan a Málaga por el mar. 

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