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Mi Banya
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Cuenta una antigua leyenda que en el extremo de una tierra donde el mar y el cielo parecen fundirse en un abrazo infinito, existe un faro que guarda uno de los secretos mejor escondidos del Mediterráneo: el Faro de la Banya. 
Situado en el corazón del Delta del Ebro, cerca de Sant Carles de la Ràpita, este faro ha sido durante generaciones un silencioso vigilante de las aguas. 
Dicen que hace muchos años, cuando los pescadores se adentraban en el mar sin más compañía que las estrellas, una misteriosa luz aparecía algunas noches sobre la Punta de la Banya. No era una luz cualquiera: según contaban los marineros, era el espíritu de un viejo farero que había prometido no abandonar jamás a quienes navegaban por aquellas aguas. 
Muchos años después, llegué hasta este rincón mediterráneo para descubrir su belleza y guardar un recuerdo muy especial. Preparé mi dron y poco a poco, lo elevé sobre el paisaje. 
Desde el aire, el Faro de la Banya parecía una pequeña torre solitaria, rodeada de dunas, arena, mar y naturaleza salvaje. Mi dron comenzó a dibujar imágenes desde diferentes perspectivas, descubriendo la magia de aquel lugar donde el Delta parece tocar el infinito. 
Y así, entre el azul del Mediterráneo y la inmensidad del Delta del Ebro, mi grabación se convirtió en algo más que unas simples imágenes: se convirtió en un pequeño viaje a través del tiempo, una aventura donde la leyenda y la realidad se encontraron. 
El faro aparecía rodeado por la inmensidad del Delta, mientras el Mediterráneo extendía sus aguas hasta donde alcanzaba la vista.
Mi dron fue girando alrededor de aquella pequeña construcción, capturando su silueta, las playas, las dunas y el contraste de colores entre el azul del mar y los tonos dorados de la tierra. 
Por un instante, parecía que el tiempo se había detenido. Quizás por eso los faros tienen algo especial: aunque sean pequeños frente a la inmensidad del mar, representan esperanza, seguridad y la promesa de regresar a casa. 
Cuando terminé mi grabación, sentí que no solamente había conseguido unas bonitas imágenes aéreas. Había guardado un pedacito de la historia de este lugar, un recuerdo de un rincón maravilloso de Sant Carles de la Ràpita. 

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