



El Faro de Cabo Tiñoso en Cartagena se encuentra en uno de los lugares más espectaculares y solitarios de la costa murciana. Está situado en la cima del cabo, aproximadamente a 146 metros sobre el nivel del mar.
Cabo Tiñoso llegó a ser conocido entre los torreros como «el faro de castigo”, por su aislamiento y la dificultad de llegar hasta allí.
Tras recorrer la sinuosa carretera de montaña que serpentea hasta la antigua batería militar de Castillitos y el Faro de Cabo Tiñoso, localicé un punto despejado y firme en la cresta rocosa.
Desde lo alto del cabo, el faro contempla un paisaje de enormes paredes rocosas, pequeñas calas escondidas y un Mediterráneo que cambia de color según la hora del día.
Pero esta vez, la historia iba a ser diferente. Llegué con mi dron, y frente a mí aparecía el Cabo Tiñoso, imponente, como una fortaleza construida por la propia naturaleza.
Encendí el dron, sus hélices comenzaron a girar y poco después, la pequeña aeronave se elevó sobre la costa.
El dron avanzó lentamente; primero mostró las rocas, después el azul profundo del mar, y finalmente apareció el faro, con muchos años de historia.
Su luz había visto pasar barcos, tormentas, amaneceres y noches interminables. Y ahora, por unos instantes, mi dron se convertía en un nuevo testigo de aquella historia.
Subí un poco más. Desde arriba, los acantilados parecían las murallas de un antiguo reino. Las olas golpeaban las rocas mientras el faro permanecía inmóvil, como un viejo guardián que jamás abandona su puesto.
El dron ascendió verticalmente unos metros, estabilizándose contra la brisa marina antes de avanzar sobre el vacío. Inicié un vuelo circular alrededor de la linterna del faro, capturando el contraste entre la mampostería blanca del edificio, los tonos rojizos del terreno y la inmensidad del horizonte.
El faro revelaba un ángulo que ningún ojo humano había podido contemplar sin alas: la simetría perfecta de su arquitectura, los caminos serpenteantes que morían en el precipicio y las cicatrices del tiempo marcadas en sus muros.
Un golpe de viento repentino hizo temblar la señal en la pantalla. Por un segundo, el dron pareció dudar, luchando contra la ráfaga que venía del mar abierto. Volar en un acantilado tan expuesto siempre exige un respeto casi sagrado; ejecuté una toma en ascenso vertical. El faro quedó congelado en el centro del encuadre mientras la cámara ganaba altura, mostrando la majestuosidad de la costa extendiéndose hacia el horizonte.
Al aterrizar el dron en la pequeña plataforma de roca, la pantalla se apagó, pero la toma ya estaba a salvo en un archivo digital: el alma solitaria de Cabo Tiñoso, volando allí donde solo las águilas y la brisa se atreven a mirar.